14/02/2026
Después de 15 años de experiencia trabajando con playmobils,, si hay algo que he aprendido trabajando con muñecos en terapia, es que no toleran la prisa.
Al principio creía que el valor estaba en saber mover bien la escena, en leerla rápido, en entender qué estaba pasando.
Con el tiempo me di cuenta de que, cuando me adelantaba, algo se cerraba. El cuerpo del paciente se iba, la emoción se apagaba, la imagen perdía fuerza.
El trabajo con muñecos no es una técnica más. Es un espacio muy sensible donde aparece lo que muchas veces no ha podido decirse con palabras.
Y eso no se sostiene interpretando ni dirigiendo, sino respetando la imagen, el ritmo y la distancia.
He visto cómo un gesto demasiado rápido, una pregunta prematura o una explicación bienintencionada podían cortar un proceso profundo.
No porque el recurso no funcione, sino porque el encuadre no estaba cuidado.
Con el tiempo entendí que, en este tipo de trabajo, el lugar del terapeuta es más silencioso de lo que parece.
Sostener sin tocar. Mirar sin invadir. Esperar sin forzar.
Porque cuando la escena es respetada, el paciente puede verse desde fuera…
Y ahí es donde empieza el verdadero movimiento terapéutico.
Guárdalo si trabajas con muñecos o con recursos simbólicos.
A veces, lo más difícil en terapia es no hacer de más.