17/02/2026
¿Cuántos conflictos del mundo nacen, en realidad, de una energía sexual vital desordenada?
No hablamos solo de sexualidad.
Hablamos de la fuerza más poderosa que tiene el ser humano: su energía de vida.
Cuando esta energía está desordenada:
– Se busca afuera lo que no se sostiene dentro.
– El deseo se vuelve ansiedad o consumo.
– La frustración se transforma en agresividad o desconexión.
– Las relaciones dejan de ser encuentro y se convierten en necesidad.
– y lo mas triste y peligroso de todo: el poder se usa para dominar, no para crear.
Gran parte del ruido del mundo viene de ahí: de personas sin centro.
Cuando la energía sexual está integrada y ordenada:
– Hay más claridad mental y menos impulsividad.
– Disminuye la necesidad de validación constante.
– Aumenta la capacidad de amar sin poseer.
– Se fortalece la presencia, la creatividad y el propósito.
– El cuerpo deja de ser un lugar de descarga y se vuelve un lugar de conciencia.
– La relación con el placer se vuelve más profunda y menos compulsiva.
Y eso cambiaría radicalmente muchas cosas:
-Cómo se aman a los seres vivos
-Cómo se educa a los niños, enseñándoles a sentir y sostener lo que les pasa, no a reprimirlo o distraerse.
-Cómo se ejerce el poder, como servicio y dirección, no como dominación.
-Cómo se usa la tecnología, como herramienta de creación, no como anestesia.
-Incluso cómo se hace política, con más conciencia y menos reacción.
Las tradiciones tántricas lo han dicho siempre:
No se trata de reprimir la energía,
sino de aprender a sostenerla, respirarla y dirigirla. Un hombre que respira su deseo sin huir se vuelve naturalmente ético.
Es madurez energética.
Quizá la verdadera educación pendiente no sea solo mental,
sino aprender a vivir con la intensidad de estar vivos.
¿Y si la paz en el mundo también fuera una cuestión de energía sexual vital bien habitada?
**ra **raContemporáneo