30/07/2025
La tortuga es un animal que me inspira, me intriga y me atrae profundamente desde pequeña (yo las llamo Churris).
Un animal al que he contemplado, cuidado, amado y tatuado en mi piel.
Curiosamente elegí una tortuga que representaba el taoísmo y su forma más ancestral y material para el humano, un templo, mucho antes de que yo fuera consciente de muchas cosas que están por venir.
Para muchas culturas antiguas, representa sabiduría, longevidad, creación o madre tierra, la unión del cosmos y la tierra, la alquímia interna, la protección... Tiene diferentes nombres: Honu/Aumakua (Pacífico Sur), Kurma (India), Anansi (África), Minogame (Japón)...
En el Taoísmo, la tortuga representa la unión del cielo y la tierra, el caparazón redondo es el cielo y el vientre plano es la tierra cuadrada, encarna el equilibrio original. Es la unión de cuerpo y espíritu o el Taiji (Yin Yang).
En la tradición taoísta, la Tortuga Negra del Norte se asocia al elemento Agua, la energía de los riñones y estos custodian la energía Jing (精), donde se atesora la esencia vital.
Cultivar esta energía implica, como hacen ellas, respirar lento, vivir sin prisa, hablar poco para no perder energía, contemplar y habitar la eternidad del momento. La tortuga nos enseña el Wu Wei, el hacer sin hacer haciendo, sin forzar.
En las artes marciales internas Chinas, hay una imagen que es una tortuga con una serpiente entrelazada, conocida como (玄武) Xuánwǔ o Zhenwu cuando se presenta como deidad. Es un arquetipo alquímico que simboliza las fuerzas universales ocultas del Tao.
Aquí la tortuga representa la retención del Jing (精), lo estable, el cuerpo, la quietud y la Serpiente el Shen (神), el espíritu, el alma activa, la conciencia que se mueve en espiral como el Qi, y une los tres mundos, es el fuego escondido en el Agua, que transforma lo denso en sutil.
Juntas simbolizan el proceso de refinar el cuerpo hacía la inmortalidad espiritual (Yang Shen).