04/01/2026
Cuidar nuestro oficio
Hoy he escuchado a unos actores hablar de cuidar nuestro oficio y me ha resonado profundamente. Me ha llevado a reflexionar sobre lo que está ocurriendo con las salas de yoga y lo complejo que se ha vuelto sostenerlas.
Desde 2018 llevo adelante una sala de yoga. Detrás hay años de estudio, formaciones privadas, viajes a India, renuncias a muchas cosas y mucho trabajo —también en otros ámbitos— hasta poder vivir de lo que realmente me llena, cumpliendo con todas las responsabilidades que implica sostener un espacio propio (licencias, impuestos, etc etc)
En este contexto, observo cómo cada vez es más habitual competir a través de estrategias muy agresivas: grandes descuentos o incluiso primer mes gratuito!! , que facilitan que las personas se muevan de una sala a otra y convierten la competencia en algo que sucede entre nosotras mismas.
El mercantilismo colándose por las salas de yoga
Durante mucho tiempo, las salas de yoga hemos intentado sostener cierto cuidado ético: en los precios, en la forma de posicionarnos y en cómo habitamos una comunidad compartida. Poner un precio justo, honesto y coherente no es solo una decisión económica, sino también una práctica (asteya). En el Hatha Yoga, el equilibrio y la coherencia entre lo que damos y lo que recibimos forman parte del camino.
Cuidar nuestro oficio es cuidar ese equilibrio, el valor de lo que ofrecemos y la manera en la que elegimos sostenerlo.
Y cuidar a la comunidad
Que no todo valga