28/03/2026
Ayer acompañé a una familia después de una revisión de los nueve meses.
La madre me llamó casi llorando.
Dudando de todo.
De su forma de alimentar.
De su forma de criar.
Había salido de la consulta con miedo.
Miedo porque su bebé había bajado ligeramente de percentil.
Miedo porque come con trozos.
Miedo porque la enfermera le dijo que su leche ya no alimenta.
Miedo porque le hizo sentir que no lo estaba haciendo bien.
Fui a su casa.
Vi a un bebé sano, vital, activo.
Un bebé que no paraba de moverse, de explorar, de reír.
Un bebé que come, que gestiona los trozos, que participa.
Vi a una familia que cuida.
Que observa.
Que lo está haciendo bien.
Y entonces es inevitable decirlo:
No todo vale en nombre de la sanidad.
No todo vale cuando hablamos a una madre.
No todo vale cuando hablamos de un bebé.
Dar información desactualizada, cuestionar sin base, recomendar productos innecesarios y, sobre todo, hacerlo desde el juicio y el miedo…
no es acompañar.
Es desinformar.
Es generar inseguridad.
Es hacer daño.
La evidencia cambia.
La ciencia evoluciona.
Y nuestro trabajo debería ir de la mano de esto.
Hay diferentes maneras de introducir la alimentación.
Pero hay algo que debería ser innegociable:
el respeto y la responsabilidad al acompañar a las familias.
Porque detrás de cada recomendación hay una madre que escucha.
Y a veces, se rompe con determinadas palabras.
¿Cuántas veces has salido de una consulta dudando de algo que, en realidad, estabas haciendo bien?