16/06/2025
Muchas personas viven atrapadas en un bucle de exigencia constante. Les cuesta celebrar sus logros, sienten culpa al descansar y tienen la sensación de que nunca hacen lo suficiente.
La autoexigencia puede parecer motivación,
pero muchas veces nace del miedo:
🔹 Miedo a decepcionar
🔹 Miedo a no valer
🔹 Miedo a no ser querid@
Esta autoexigencia, lejos de motivar, termina agotando. Porque no deja espacio para el error, para el disfrute o para simplemente ser, sin tener que rendir.
¿De dónde viene esto?
Lo aprendiste.
🔸 Cuando te aplaudían solo por “hacerlo bien”.
🔸 Cuando se esperaba mucho de ti.
🔸 Cuando fallar era sinónimo de “no estar a la altura”.
🔸 De haber aprendido que solo merecías amor o atención si cumplías expectativas.
🔸 De haber sido muy responsable desde pequeñ@.
🔸 De crecer en entornos donde equivocarse era sinónimo de fallo, no de aprendizaje.
🔸 O de mensajes tan instalados como: “Si no lo haces perfecto, no vale la pena hacerlo”.
La buena noticia es que esto también se puede trabajar en terapia. Porque no naciste con esa voz interna que te juzga todo el tiempo: la aprendiste. Y si la aprendiste, puedes transformarla.
✨ Tu valor no depende de cuánto haces.
✨ No necesitas exigirte tanto para merecer descanso, amor o reconocimiento.
✨ Puedes aprender a tratarte con más amabilidad.
A veces, el mayor acto de autocuidado es soltar la exigencia y darte permiso para simplemente estar bien, sin tener que demostrar nada.
🔸 “No eres floj@, ni insuficiente. Estás cansad@ de exigirte tanto para sentir que vales.”
Y no tienes que vivir así para siempre. 🌱