28/11/2025
Cuando un niño dice “soy el más tonto”, no está hablando de lo que sabe hacer; está mostrando cómo empieza a verse por dentro.
Las dificultades en los aprendizajes pueden llevarle a interpretar un reto como una identidad, cuando en realidad solo está enfrentándose a un proceso que necesita otro ritmo, otra mirada y un acompañamiento diferente.
El amor propio infantil se sostiene sobre tres pilares esenciales: autoestima, autoconcepto y autoimagen.
Y nuestras palabras —el lenguaje cotidiano que utilizamos con ellos— pueden fortalecer esos pilares o erosionarlos sin que nos demos cuenta.
El lenguaje apreciativo no es un detalle secundario: es una forma concreta de cuidar su voz interna y de ayudarle a construir una percepción más justa y más amable de sí mismo.
Porque al final, lo que más sostiene a un niño no es que todo le salga bien, sino saber que, incluso cuando algo le cuesta, sigue siendo valioso. Cuando comprende esto, cambia la forma en la que se mira, en la que aprende y en la que afronta lo que viene.