Emotiva Psicoloxía

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Hay relaciones que se sostienen porque prometen, no porque estén funcionando.Y la promesa, cuando no va acompañada de he...
01/02/2026

Hay relaciones que se sostienen porque prometen, no porque estén funcionando.

Y la promesa, cuando no va acompañada de hechos, se convierte en una especie de alquiler emocional que una parte paga y la otra habita.

Muchas veces no hay maltrato.
Ni gritos.
A veces lo que hay es alguien que no cuida —o que cree que cuidar es decir que algún día lo hará—
y alguien que se queda esperando a que ese día llegue.

Y mientras espera, se adapta.
Se explica.
Se hace pequeña en algunos lugares.
Pospone decisiones.
Recoloca expectativas.
Se dice “no es para tanto”.

Y no porque sea ingenua.
Sino porque la esperanza está sosteniendo el vínculo.

Lo complicado es que no estás soltando algo horrible.
Estás soltando una posibilidad.
Un proyecto imaginado.
Una versión de futuro que nunca llegó a existir del todo, pero que ocupaba mucho espacio dentro.

Y ahí hay un sesgo que vemos mucho:
mujeres brillantes sosteniendo vínculos mediocres porque aprendieron que comprender, dar margen y aguantar también era amar.
Como si revisar al otro fuese más importante que revisarse a una misma dentro de esa relación.

No hablamos de villanos.
Hablamos de responsabilidad.
Porque querer no es suficiente cuando no hay conductas que lo respalden.
Porque decir “voy a cambiar” durante años no es un proceso, es una prórroga.

Centrarse en una misma no es egoísmo.
Es dejar de invertir vida donde no hay reciprocidad real.
Es entender que el cuidado no se promete: se practica.

Y a veces el gesto más adulto no es seguir intentando que la relación funcione.
Es aceptar que no está funcionando…
y permitirte construir algo —aunque sea contigo—
que no te pida esperar eternamente para empezar a existir.

En los últimos meses hay algo que se repite con demasiada frecuencia. Lo vemos en redes, lo escuchamos en conversaciones...
15/01/2026

En los últimos meses hay algo que se repite con demasiada frecuencia. Lo vemos en redes, lo escuchamos en conversaciones cercanas y, sobre todo, nos lo traen personas que llegan a consulta después de haber pasado por otras terapias. No vienen diciendo que no se trabajó, sino que se trabajó mucho. Que hubo pautas, ejercicios, técnicas, registros, audios. Que hicieron todo lo que se les propuso. Y aun así, se quedaron con la sensación de que nadie terminó de entender qué les estaba pasando.

Desde ahí, nosotras hablamos de p*rn0 terapéutico, cuando observamos una forma de hacer terapia en la que el foco se desplaza. Poco a poco deja de estar en la persona que consulta y pasa a estar en el hacer del terapeuta. No tanto en comprender qué trae quien llega, sino en intervenir, proponer, pautar, aplicar. En mostrar que se sabe. La terapia se parece entonces más a un taller que a un espacio clínico, como si existiera una herramienta adecuada para cada emoción y una pauta correcta para cada malestar.

A menudo decimos en consulta que esto no es un taller y que no hay un destornillador emocional que funcione cada vez que algo duele, aprieta o desborda. No venimos a aprender a “gestionar” lo que sentimos como quien sigue un manual de instrucciones. No buscamos trucos ni recetas. Lo que necesitamos son recursos y desarrollar nuestras propias capacidades: entender qué nos pasa, por qué nos pasa y qué hacer con ello desde ahí.

El problema es que cuando la terapia se llena de herramientas demasiado pronto, el mensaje que recibe la persona es que su malestar hay que arreglarlo, no comprenderlo. Puede haber alivio momentáneo, incluso sensación de avance, pero si no hay un trabajo de sentido, lo esencial no se mueve. Escuchar de verdad implica ir despacio, tolerar no saber todavía, sostener el desorden del relato sin correr a cerrarlo. Y eso, muchas veces, confronta más a quien acompaña que a quien consulta.

Las pautas son al comportamiento lo mismo que las dietas a la alimentación.Durante un tiempo pueden parecer útiles. Dan ...
13/01/2026

Las pautas son al comportamiento lo mismo que las dietas a la alimentación.

Durante un tiempo pueden parecer útiles. Dan sensación de orden, de avance, de estar haciendo algo. A veces incluso funcionan… en apariencia. Pero no enseñan a escuchar lo que pasa por dentro ni ayudan a construir criterio propio.

Cuando en educación nos centramos solo en el “qué hacer”, dejamos fuera lo más importante: el para qué, el desde dónde y qué está necesitando realmente esa persona en ese momento.

Un niño no se desregula porque le falten pautas.
Una niña no se porta “mal” por no saber las normas.
Del mismo modo que nadie tiene una mala relación con la comida por desconocer qué es lo saludable.

Las conductas, como la alimentación, hablan. Señalan estados internos, historias previas, necesidades que no siempre saben expresarse de otra forma. Si solo intentamos corregir lo que se ve, perdemos la oportunidad de comprender lo que sostiene eso que aparece.

En Emotiva no trabajamos para apagar conductas ni para ofrecer recetas rápidas que tranquilicen al adulto. Trabajamos para que niños, niñas y familias puedan ir construyendo comprensión, recursos propios y una brújula interna que les permita orientarse incluso cuando nadie les dice qué hacer.

Porque educar —como cuidar la relación con la comida— va más de acompañar procesos que de control.

Lo más difícil de este trabajo no es sostener las emociones del otro ni escuchar historias de vida tremendamente doloros...
07/01/2026

Lo más difícil de este trabajo no es sostener las emociones del otro ni escuchar historias de vida tremendamente dolorosas.
Lo más difícil es no ser complaciente.

Ser honestas en terapia tiene un coste. Implica asumir que hay personas a las que no les gusta lo que señalas, que se enfadan, que no buscan eso o que esperaban otra cosa de ti…y sostener también eso: no caer bien, no tranquilizar rápido, no ocupar el lugar cómodo.

Como dice “No somos croquetas. No podemos gustar a todo el mundo”.

Porque hay cosas que solo se mueven cuando dejan de ser cómodas. Cuando alguien puede mirar lo que evita, lo que repite, lo que duele reconocer de sí. Y para que eso ocurra, alguien tiene que quedarse ahí, sin endulzar, sin rescatar y sin retirarse.

Y sí, eso a nosotras también nos duele.

31 de diciembre.El día de los balances, de los propósitos y de los supuestos “cambios de vida”.Estos días se repiten las...
31/12/2025

31 de diciembre.
El día de los balances, de los propósitos y de los supuestos “cambios de vida”.

Estos días se repiten las mismas consignas: soltar, vaciar, no exigir, bajar el ritmo, vivir despacio. Como si fueran decisiones personales, como si dependieran solo de la actitud, como si todas las vidas partieran del mismo lugar.

Pero no es así.

Poder soltar suele ser un privilegio.
Poder ir más despacio, también.
Poder no exigir implica, muchas veces, que ya tienes cubierto lo básico y que si algo cae, hay red.

Cuando estos discursos se convierten en mandato, además de ingenuos, son culpabilizantes. Si no paras es porque no sabes. Si no sueltas es porque te aferras. Si no cambias de vida es porque no te atreves. Se individualiza lo que en realidad es estructural.

Hay personas que no viven deprisa por ambición, sino por supervivencia.
Que no exigen por inmadurez, sino por miedo a perder lo poco que hay.
Que no pueden “vaciar” porque sostienen trabajos precarios, cuidados invisibles, maternidades sin tribu, relaciones desiguales, cuerpos cansados y pocas redes.

No soltar no siempre es rigidez.
Muchas veces es responsabilidad, carga mental y ausencia de alternativas.
No parar no es no escucharse: es no tener dónde caer sin romperse.

Cerrar el año no debería ser otro examen emocional.
Otro espacio desde el que sentir culpa por no encajar en el ideal de vida calmada, consciente y bien resuelta.

En Emotiva no le pedimos a nadie que suelte sin saber primero qué le sostiene y qué se caería si lo hiciera.
Porque no todos los cambios son posibles en cualquier momento, y porque la culpa no es una herramienta terapéutica.

No cambiar no siempre es una elección,
no todo cambio depende de la voluntad.

Gracias por acompañarnos este año.Ha sido un año de mucho movimiento, de aprender y también de poner límites.Un año de d...
23/12/2025

Gracias por acompañarnos este año.
Ha sido un año de mucho movimiento, de aprender y también de poner límites.
Un año de despedidas y de dolor, pero también de alegría, de exploración y de bienvenidas.
De acompañar cada uno de vuestros procesos con dedicación, amor y honestidad.

Ojalá estas fiestas nos traten con cuidado y el año que empieza nos encuentre con más presencia que exigencia.

Nos vemos a la vuelta, el 8 de enero.

Intensa, dependiente, pesada… así llaman muchas parejas de nuestras pacientes a mujeres que simplemente están intentando...
20/12/2025

Intensa, dependiente, pesada… así llaman muchas parejas de nuestras pacientes a mujeres que simplemente están intentando sostener vínculos que no las sostienen. Estas etiquetas no describen un rasgo personal, sino una dinámica relacional profundamente desigual, en la que una parte ofrece poco y además desacredita a quien lo necesita.

Mientras ellos administran el tiempo, la disponibilidad y el afecto con cuentagotas, les reprochan que no hacen planes, que no tienen aficiones propias o que son hiperdependientes.

Se les exige autonomía al mismo tiempo que se las mantiene en una espera constante.
Se las critica por haber reducido su mundo, sin nombrar que esa reducción es la consecuencia directa de un vínculo que solo funciona si ellas están siempre disponibles para el poco tiempo que se les concede.

En este contexto se instala una dieta emocional y un hambre afectiva persistente. No porque pidan demasiado, sino porque reciben menos de lo necesario. Pero en lugar de reconocer esa carencia, se desplaza la responsabilidad hacia ellas, que acaban dudando de sus propias necesidades y aprendiendo a adaptarse para no molestar.

Así muchas mujeres paralizan su vida.
Frenan proyectos, aplazan decisiones y dejan de ocupar espacio, pendientes de no perder la oportunidad de estar cuando el otro decide aparecer. Esta renuncia se normaliza y se confunde con amor, cuando en realidad es una forma de control sutil que permite a uno conservar su libertad intacta mientras el otro vive condicionado por el vínculo.

Estas dinámicas no tienen que ver con dependencia emocional ni con falta de recursos personales. Tienen que ver con relaciones en las que uno marca el ritmo, pone las condiciones y mantiene su vida completa, mientras la otra es culpabilizada por las consecuencias de esa desigualdad. El amor no debería implicar pasar hambre afectiva ni congelar la propia vida para encajar en la agenda emocional de otra persona.

Cuando para que una relación funcione alguien tiene que hacerse pequeña, esperar y justificarse, el problema no está en quien necesita, sino en lo poco que se le está ofreciendo.

Hoy, 30 de noviembre, Día Internacional de la Lucha contra los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA), recordamos q...
30/11/2025

Hoy, 30 de noviembre, Día Internacional de la Lucha contra los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA), recordamos que estos trastornos no van solo de comida, sino de historias que a veces vienen de muy atrás. El síntoma aparece muchas veces donde antes hubo mandatos familiares, silencios, exigencias o formas de relacionarse con el cuerpo que se fueron transmitiendo de generación en generación. Hablamos de trauma transgeneracional cuando tu cuerpo expresa emociones, creencias y patrones que no empezaron contigo, pero que sigues llevando.

En Emotiva acompañamos los TCA desde una psiconutrición verdaderamente integrada: psicología y nutrición trabajando juntas, a veces incluso en la misma sesión, para sostener a la vez lo que ocurre en el cuerpo y lo que ocurre por dentro. No buscamos controlar la comida ni poner el foco en el peso, sino entender qué protege el síntoma, qué necesidad intenta cubrir y qué lealtades heredadas siguen actuando sin que la persona sea consciente.

Nuestro trabajo va de devolver seguridad, de cuestionar lo heredado sin culpa y de crear un espacio donde puedas empezar a relacionarte contigo, con tu cuerpo y con la comida desde un lugar más amable y más tuyo.

Si necesitas un primer paso, estamos aquí.

Los maltratadores no suelen parecerlo. No llevan una marca que los identifique. No se muestran violentos delante de los ...
25/11/2025

Los maltratadores no suelen parecerlo. No llevan una marca que los identifique. No se muestran violentos delante de los demás. Saludan, ayudan, sonríen, generan buena imagen. Y precisamente por eso tantas mujeres no son creídas: porque él parecía correcto, amable, educado, porque “nunca imaginamos que pudiera hacer algo así”.

La violencia machista se sostiene con la reputación del agresor, con la duda hacia la víctima, con el silencio del entorno y con una sociedad que prefiere pensar que “algo habrá pasado” antes que confrontar la realidad.

Y hay algo que cada vez es más evidente: incluso cuando tienen condenas firmes, incluso con pruebas, incluso apareciendo en grabaciones agrediendo, muchos maltratadores siguen colocándose públicamente como víctimas. Lo hacen para proteger su imagen, para generar compasión, para manipular el relato y para evitar asumir responsabilidades. No es desconocimiento ni torpeza emocional: es estrategia y es violencia.

El problema no son las mujeres que “no se fueron a tiempo”. El problema son los hombres que ejercen violencia y después se victimizan para seguir manteniendo el control. La reparación no consiste únicamente en atender a las mujeres que sobrevivieron a la violencia; también requiere que ellos asuman consecuencias claras: judiciales, sociales y éticas. Sin excusas, sin relativizar, sin justificar con traumas o “malos momentos”.

La violencia no termina cuando la relación se rompe. Sus efectos continúan en la salud, en el cuerpo, en la autoestima, en la confianza, en las decisiones y en la vida cotidiana. Y reparar requiere apoyo, protección, recursos y tiempo.

En Emotiva acompañamos procesos de reparación después de la violencia machista: trabajamos para que cada mujer pueda recuperar seguridad, autonomía, voz y espacio propio, sin culpabilizarla y sin minimizar lo vivido. Porque reparar implica devolver dignidad y posibilidades. Y eso no se hace mirando hacia otro lado.

El papel del padre como acompañanteDurante generaciones, el papel del padre fue no estar: ausente en el embarazo, fuera ...
19/11/2025

El papel del padre como acompañante

Durante generaciones, el papel del padre fue no estar: ausente en el embarazo, fuera del parto, lejos del cuidado cotidiano.
Y ahora que muchos hombres desean implicarse más, lo hacen desde el único lugar que han aprendido: el del protagonista.
El que dirige, explica, decide, guía.
Ese guion masculino tradicional —el de la acción y el control— no desaparece solo porque quieran estar presentes.

A veces, desde ese deseo genuino de “estar”, algunos padres se colocan en un papel de coach: animan, orientan, explican, indican qué hacer…
Y otras veces aparece algo más sutil: la necesidad de controlar.
Saber qué está pasando, anticipar, decidir, “llevar” el proceso.
No por maldad, sino porque el control ha sido durante siglos la forma masculina de sentirse seguros y de sentirse importantes.

Pero acompañar no es dirigir.
Y el control, en estos momentos, no cuida: desplaza.

Acompañar es otra cosa.
Es sostener sin ocupar.
Es proteger el espacio para que la mujer pueda habitar su experiencia sin interferencias.
Es reconocer que en ese momento ella es el centro —y que cuidar ese centro forma parte de tu presencia.

Ser un padre presente también implica asumir no ser el protagonista.
Implica observar, callar cuando toca, confiar y cuidar sin apropiarse del momento.

Y justo ahí —cuando se deja de guiar para empezar a acompañar— es donde realmente empieza la presencia.

🌿 En el Día Internacional del Hombre, recordamos que los hombres pueden encontrar otras formas de estar en el mundo:
formas que no necesiten controlar, explicar ni ocupar todo el espacio, sino que sepan acompañar con respeto, cuidado y conciencia.

Porque estar no siempre es hacer.
Y acompañar, a veces, empieza en el silencio.

¿Y si no es pereza, sino colapso?Con el otoño llegan los días más cortos, el cambio de hora, la luz que se va antes y un...
11/11/2025

¿Y si no es pereza, sino colapso?

Con el otoño llegan los días más cortos, el cambio de hora, la luz que se va antes y una sensación extraña de cansancio. A veces notamos que cuesta más arrancar, concentrarse o mantener el ritmo. Nos exigimos seguir igual, pero el cuerpo no responde. Y enseguida aparece la culpa: “debería poder”, “antes no me costaba tanto”.

Sin embargo, no siempre es cuestión de voluntad. A veces lo que llamamos pereza es un cuerpo que está haciendo lo que puede. El cambio de estación, menos horas de luz, más demandas y menos descanso son señales que el sistema nervioso percibe como sobrecarga. Y, para protegernos, reduce la energía disponible. Apaga lo que no es urgente: las ganas, la motivación, el impulso.
No es flojera, es adaptación. Una forma de defensa que tiene sentido cuando hemos estado mucho tiempo en alerta o sosteniendo demasiado.

No se trata de justificarlo todo, sino de entenderlo con más compasión. Porque cuando dejamos de pelear con el cuerpo y empezamos a escucharlo, algo se recoloca. A veces el primer paso no es forzarnos a hacer más, sino darnos permiso para frenar un poco, descansar, pedir ayuda o simplemente aceptar que ahora necesitamos otro ritmo.

El otoño nos recuerda eso: que hay ciclos, que la energía baja, que también es tiempo de recogida. Y que cuidar de nosotros en esta etapa no es rendirse, sino prepararse para volver a brotar cuando toque.

En más de quince años acompañando desde Emotiva, casi nunca hemos recibido a criaturas que hayan ejercido acoso.Sobran d...
31/10/2025

En más de quince años acompañando desde Emotiva, casi nunca hemos recibido a criaturas que hayan ejercido acoso.
Sobran dedos para contarlas.
Y eso no es casualidad.
Ni porque no ocurra, sino porque seguimos sin poder mirar ahí.

Pero educar también es mirar donde duele.

Porque cuando el daño lo causa nuestra hija o hijo, algo en nosotras se bloquea: la vergüenza, la culpa, el miedo a ser señaladas.

Y entonces callamos, justificamos, minimizamos.
Pero ese silencio también dice mucho de cómo, como personas adultas, seguimos prefiriendo proteger nuestra imagen antes que revisar lo que realmente está pasando.
De cómo, creemos que para protegerle, negamos lo que pasa.
Le quitamos importancia.
Decimos que fue una broma, que la otra persona también provocó, que son cosas de infancia.
Pero no lo son.

Negar el daño no lo repara.
Solo lo perpetúa.

Cuando una niña o un niño acosa, no necesita castigo ni etiquetas.
Necesita comprensión y límites.
Necesita personas adultas que no se justifiquen por ella o por él, sino que acompañen a mirar lo que hizo.
A entender el impacto de sus actos, a sostener la culpa sin hundirse, a reparar desde la responsabilidad.

Porque sentir culpa —de la que incomoda, de la que duele— tiene sentido cuando abre camino al cambio.
Esa culpa sana no destruye: construye conciencia.

Acompañar a una criatura que ha hecho daño es un acto de valentía.
Requiere poner el foco no solo en “qué ha pasado”, sino en “qué necesita para no volver a hacerlo”.
Y eso solo puede hacerse desde la presencia, no desde la negación ni desde el castigo.

El bullying no se soluciona solo protegiendo a las víctimas —que, por supuesto, merecen todo el cuidado—, sino también acompañando a quien agrede.
Porque si nadie le ayuda a entender su violencia, solo aprenderá a esconderla mejor.

Ojalá más escuelas, más familias y más espacios terapéuticos se atrevieran a mirar ahí.
A sostener la incomodidad de reconocer que también nuestras hijas e hijos pueden hacer daño.
Y que incluso ahí, también hay posibilidad de cambio, de reparación y de humanidad.

Dirección

Praza De Andalucía, 2 Bajo Izquierda
Cangas
36940

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Martes 10:00 - 12:00
Miércoles 10:00 - 14:00
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Our Story

En Emotiva nos esforzamos para mejorar la salud y bienestar emocional en la infancia y en la juventud, las dos etapas más importantes para el desarrollo de las personas.nuestra labor se centra en prestar apoyo y comprensión durante el recorrido hacia la edad adulta; un viaje en el que es fundamental respetar los tiempos y procesos de cada uno. También asistimos a las familias que acompañan a sus hijos en este camino en el que cada día es un descubrimiento.

Somos un espacio y un tiempo exclusivos de reflexión y apoyo en el que todos los miembros de la familia escuchan y son escuchados. es un lugar de reparación del dolor, de vínculo, de entrega, de empoderamiento, de descubrimiento.

Construimos juntos un paréntesis de la rutina en el que sentirnos libres de expresar nuestras emociones sin juicios y donde se respeta el ritmo y las necesidades de cada uno.