17/01/2026
A veces no es falta de motivación.
Es autoexigencia disfrazada.
Ese “tengo que poder con todo”, “cuando acabe esto ya descansaré” o “no puedo fallar” puede parecer empuje… pero por dentro suele sentirse como tensión constante.
Algunas señales frecuentes:
Te cuesta parar incluso cuando estás agotado/a.
Te hablas peor de lo que le hablarías a alguien que quieres.
Sientes que lo que haces nunca es suficiente (aunque objetivamente sí lo sea).
Te permites descansar solo cuando “lo mereces”.
Si algo no sale perfecto, lo vives como un fallo personal.
La autoexigencia no aparece de la nada: muchas veces se aprende para sostenerse, para encajar o para sentir control. El problema es que, con el tiempo, pasa factura: ansiedad, irritabilidad, bloqueo, insomnio o sensación de estar siempre “en deuda” contigo.
La buena noticia es que se puede trabajar. En terapia abordamos este patrón con herramientas prácticas: límites, regulación emocional, diálogo interno más sano y estrategias para bajar el “modo rendimiento”