06/02/2024
En los primeros años de vida, somos seres emocionales en estado puro.
Necesitamos principalmente que nuestros cuidadores estén ahí para satisfacer nuestras necesidades básicas: hambre, sueño, sed, limpieza, contacto, movimiento, temperatura... ¡todas esas cositas importantes!
En este período primitivo y primario, la regulación emocional se teje a través de estas necesidades.
La clave está en sentir que papá y mamá nos entienden, incluso antes de poder hablar. Que capten qué necesitamos y nos lo brinden. Este entendimiento nos brinda la seguridad de saber que estamos cuidados, una base esencial para un desarrollo emocional sano.
A medida que el lenguaje se asoma, continuamos este baile emocional nombrando lo que percibimos en ellos. Decirles lo que creemos que sienten y necesitan les ayuda a ponerle nombre a sus emociones, fomentando así su autoconocimiento.
Por ejemplo, si son las 9 de la noche, mi hija no ha hecho la siesta, está irritable y no quiere cenar, le digo algo como "Cariño, creo que estás cansada porque no has hecho la siesta. Tienes mucho sueño y necesitas dormir". ¡El reconocimiento de sus necesidades les da seguridad y les ayuda a entenderse a sí mismos!
¿Cómo interpretáis las señales emocionales de vuestros peques? ¡Compartid vuestras experiencias!
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