16/03/2026
A veces en consulta escucho algo que se repite mucho:
“Cuando estoy sola me entra ansiedad”.
Y no suele tener que ver con no saber qué hacer o con aburrirse. Muchas veces tiene que ver con algo más profundo. Cuando el ruido del día desaparece —las conversaciones, el móvil, la televisión, las obligaciones— aparece algo que durante el resto del día queda más tapado: lo que sentimos por dentro.
El silencio tiene esa capacidad. Nos deja frente a nosotros mismos.
Por eso, al principio, estar a solas puede sentirse incómodo. Incluso inquietante. Surgen pensamientos, sensaciones, emociones que quizá llevaban tiempo esperando un espacio para aparecer. Y nuestro impulso suele ser llenarlo todo de estímulos para no sentir ese vacío o esa incomodidad.
Pero en terapia solemos descubrir algo importante: el objetivo no es obligarnos a sentirnos mejor inmediatamente cuando estamos solos, sino empezar a entender qué ocurre en ese espacio.
Cuando aprendemos poco a poco a estar con nosotros mismos —sin ruido constante, sin escapar de cada pensamiento o emoción— algo empieza a cambiar. Lo que antes se sentía como abandono empieza a transformarse en presencia.
Y entonces la soledad deja de ser un lugar que da miedo para convertirse, poco a poco, en un lugar donde también podemos encontrarnos. 💚