21/02/2026
En Occidente seguimos buscando una vida sin problemas: una vida sin fricción, sin conflicto, sin dolor.
Parte de las prácticas budistas en las que se basa el mindfulness pueden poco a poco curar semejante delirio.
La primera noble verdad que expresó el Budha no afirma que “la vida sea sufrimiento” en un sentido trágico. Afirma que la existencia condicionada implica dukkha: insatisfacción, inestabilidad, fricción, impermanencia.
No porque algo esté mal sino porque todo lo humano es cambiante, limitado y vulnerable.
La segunda noble verdad señala que el sufrimiento tiene causas: surge de cómo nos aferramos, evitamos o resistimos la experiencia. Una parte del dolor es inevitable pero cómo nos relacionemos con él marcará la diferencia (por ejemplo, sí evitamos el dolor emocional anestesiándolo con alcohol, es probable que desarrollemos un problema añadido al problema original, que por cierto no desaparecerá).
La tercera afirma que puede disminuir.
Y la cuarta propone un camino práctico para transformar nuestra relación con el dolor y el sufrimiento.
En términos psicológicos contemporáneos:
no se trata de eliminar los problemas,
sino de dejar de luchar contra la naturaleza misma de la experiencia.
No existe una vida sin dificultades y el exceso de comodidades puede ser una jaula de terciopelo.
La clave es aprender a abrirse a la experiencia, afrontarla y saber que también pasará.
Ahí empieza la libertad.