19/01/2013
> "La muerte empieza en el colon.... todos deberiamos saber LA IMPORTANCIA DE LA SALUD DE NUESTRO COLON....
>
> El hijo de uno de mis mejores amigos vive agobiado por todo tipo de
> enfermedades: alergia, asma, eczema, diarreas, estreñimiento... Y además
> va de infección en infección.
>
> Sus padres le han eliminado de la dieta la leche, el gluten, los
> embutidos, los huevos… pero no le ha servido de nada.
>
> Resulta que el niño nació por cesárea.
>
> Cuando me lo dijo, no lo dudé ni un segundo. Enseguida pensé: “Flora
> intestinal”.
>
>
> “La muerte empieza en el colon”
> Si tenemos un tubo digestivo mal cuidado, poblado de bacterias y hongos
> oportunistas y patógenos (en particular, Candida albicans) y contaminado
> por alimentos mal digeridos, corremos el riesgo de que se quede atascado
> por materia f***l tóxica. Esta situación puede provocar desequilibrios y
> trastornos de distinta gravedad.
>
> En concreto, se puede sufrir estreñimiento habitual, gases, diarreas,
> inflamaciones de distinta índole, alteraciones en la piel, cambios de
> humor o enfermedades más graves, como una colopatía funcional, una
> diarrea sangrante e incluso cáncer de colon.
>
> Al hacer una autopsia, es fácil comprobar si el colon de la persona
> fallecida se encontraba muy atascado por excrementos. Es el origen del
> dicho: “la muerte empieza en el colon”.
>
> Un intestino sucio conlleva el riesgo de tener un sistema inmunitario
> deficiente. Se es más vulnerable ante enfermedades infecciosas e
> inflamatorias relacionadas con el aparato digestivo, respiratorio,
> urogenital, etc.
>
> Además, tener el colon “enfermo” también es un factor desencadenante de
> trastornos emocionales. Poca gente lo sabe, ni siquiera todos los
> médicos, pero las células del intestino producen el 80% de la hormona
> del buen humor (la serotonina) que se encuentra en el cuerpo.
>
> De alguna manera, el intestino es nuestro “segundo cerebro”, así que
> tenemos que cuidarlo muy bien.
>
>
> Cuidar el tubo digestivo
> En internet se puede encontrar una gran oferta de productos, más o menos
> fiables, que sirven para limpiar el tubo digestivo. Pero el intestino no
> es ni una chimenea que haya que deshollinar, ni una tubería que haya que
> desatascar. De hecho, es más delicado, y a la vez mucho más sencillo.
>
> Por lo general no deberíamos hacer nada. La madre naturaleza lo ha
> previsto ya todo: un ejército de miles de millones de microorganismos
> que pueblan el colon (el último tramo del intestino, justo antes del
> recto), que día y noche lo protegen y limpian impidiendo que las
> bacterias y levaduras dañinas se desarrollen e invadan la zona.
>
> Los microbios del intestino son muy numerosos; hay hasta cien veces más
> que células tiene el cuerpo, es decir, unos 100 millones de millones
> (¡14 ceros!).
>
> Este inmenso ejército recibe el nombre de “flora intestinal” o
> “microbiota”.
>
> Utilizar el término “flora” aplicado al intestino puede chocar, pero lo
> cierto es que hace referencia al número de especies de bacterias y
> levaduras (200 tipos como mínimo) que ahí cohabitan, como ocurre en los
> jardines botánicos. Y cada persona tiene su propia flora intestinal, tan
> personal como su huella dactilar.
>
> Cuidar su propio jardín es responsabilidad de cada persona; resembrarlo
> con frecuencia, eliminar las malas hierbas, abonarlo…o bien abandonarlo.
> En este último caso, lo que era un bonito jardín inglés rápidamente se
> convertirá en un horrible y nauseabundo vertedero, refugio de especies
> nocivas que pueden provocar enfermedades.
>
>
> Los malos olores no son normales
> La función principal del colon es fermentar los alimentos que no se han
> digerido completamente para extraer los últimos nutrientes y hacer que
> pasen a la sangre. Cuando el colon está sano y funciona bien, sólo
> quedan residuos inutilizables que se evacuan con regularidad, y que no
> desprenden mal olor.
>
> Por el contrario, en presencia de bacterias y levaduras nocivas, el
> tránsito se altera produciendo estreñimiento o diarrea y los residuos
> alimentarios huelen mal. Además, cuando se tiene una mala digestión,
> aparte de ser desagradable en sí mismo, nuestro organismo no puede
> extraer los nutrientes de la comida de manera satisfactoria. Si no se
> hace nada al respecto, se puede llegar a tener déficit nutricional, o
> incluso carencias.
>
> La flora nociva produce también gas carbónico, metano e hidrógeno en
> abundancia. Y los gérmenes se extenderán hasta provocar bolsas de gas a
> lo largo del colon, generándonos la sensación de que vamos a estallar.
> Las flatulencias y gases no tienen nada de gracia. Indican una mala
> digestión y también que el colon necesita ayuda. Este círculo vicioso se
> origina por la falta de bacterias “buenas”, beneficiosas para la salud,
> que favorezcan la digestión.
>
> Y llegados a este punto, retomo el caso del hijo de mi amigo que nació
> por cesárea.
>
>
> La flora intestinal se determina en el nacimiento
> La composición de la flora intestinal depende, en primer lugar, de la
> manera en la que nacemos.
>
> Cuando nos encontrábamos en el vientre de nuestra madre, nuestro tubo
> digestivo era estéril. No tenía microbios.
>
> Las bacterias y levaduras no se instalan en él hasta el momento del
> parto: 72 horas después de nacer, nuestro tubo digestivo contiene ya
> ¡millones y millones de bacterias y levaduras!
>
> ¿Pero de dónde proceden todas esas bacterias y levaduras? Aún lo
> desconoce mucha gente, pero para los niños que han nacido por parto
> natural proceden de la flora vaginal de la madre.
>
> Ahora bien, la flora vaginal depende en gran medida de la flora
> intestinal, por lo que las mujeres que en las últimas semanas de
> embarazo tengan una adecuada flora intestinal, dejarán a sus hijos una
> excelente herencia de especies microbianas para que siembren su
> intestino. Si por el contrario el intestino de la madre está contaminado
> por especies oportunistas y patógenas, por desgracia el bebé también las
> heredará.
>
> De esta manera queda demostrado que la predisposición a padecer ciertas
> enfermedades tiene relación directa con un tipo de microflora que se
> transmite de madres a hijos en el nacimiento. En particular ocurre con
> los descendientes de mujeres que sufren asma o dermatitis. Si durante
> los últimos meses de embarazo la madre regenera su microflora (veremos
> cómo), el niño no será portador de una flora que pueda provocarle
> eczemas y/o asma. De esta manera tan sencilla se puede evitar que el
> recién nacido sufra una deficiencia que puede arrastrar de por vida, y
> que a su vez podría derivar en una bronquitis crónica que requeriría de
> asistencia respiratoria, convirtiéndole en una persona dependiente.
>
> Existe otro caso igualmente preocupante y es el de los niños que nacen
> por cesárea.
>
> El bebé que nace por cesárea, al ser extraído directamente de la
> placenta (habitáculo estéril), no tiene contacto con la flora de su
> madre. Recibe entonces la microflora del entorno, es decir, del
> hospital, que suele estar poblado de bacterias resistentes a los
> antibióticos, en especial la desgraciadamente famosa estafiloco aureus
> (Staphylococcus aureus).
>
> Si no se corrige a tiempo, la flora intestinal de origen hospitalario
> puede tener consecuencias dolorosas para toda la vida.
>
> Así que es muy importante que desde el momento mismo del nacimiento, las
> mamás a las que por fuerza debe practicárseles una cesárea siembren el
> tubo digestivo de su bebé con bacterias beneficiosas para la salud.
> Antes de hablar de cómo hacerlo, déjeme que puntualice que incluso una
> flora intestinal buena en el nacimiento puede llegar a desequilibrarse.
>
>
> Cómo se puede romper el equilibrio de la microflora
> Tras el nacimiento, el equilibrio de la microflora intestinal se
> encuentra en constante evolución. Se trata de un equilibrio dinámico que
> puede romperse por diferentes factores endógenos y exógenos:
>
> * factores endógenos (que se originan en el interior del
> organismo): puede que tengamos un sistema inmunitario deficiente
> o una enfermedad metabólica leve que ocasione una modificación
> de la flora intestinal. Si nos hacemos una herida o pasamos por
> el quirófano, tenemos una inflamación, estreñimiento crónico o
> un tumor en el intestino, la microflora también puede alterarse
> gravemente, lo que empeora los síntomas de la enfermedad
> prolongando la recuperación.
>
> * factores exógenos (que se originan en el exterior): una
> alimentación desequilibrada, la contaminación por metales
> pesados o por pesticidas utilizados en el campo o por aditivos
> alimentarios antimicrobianos, infecciones por gérmenes
> patógenos, niveles altos de estrés, tratamientos antibióticos,
> vacunas... Todo ello favorece la inhibición de las bacterias
> buenas, dejando espacio para que se reproduzcan los gérmenes
> oportunistas y patógenos que son responsables de enfermedades.
>
> Las consecuencias pueden tener mayor o menor gravedad, e ir desde
> simples trastornos digestivos hasta la ruptura total de las defensas del
> organismo. En ese caso, se corre el riesgo de que los gérmenes se
> multipliquen hasta provocar una infección generalizada (septicemia), y
> potencialmente la muerte.
>
> Esto demuestra que una flora intestinal equilibrada es clave a la hora
> de estar sanos y hacer frente a las enfermedades. Nuestro objetivo debe
> ser conservar la flora en un estado microbiológico perfecto.
>
> Voy a explicarle cómo:
>
>
> Cuidar y mejorar la flora intestinal
> Algunas de las bacterias presentes en la flora intestinal tienen un
> efecto positivo para la salud y para la vida en general: por ese motivo,
> los científicos las han bautizado como “probióticas” (beneficiosas para
> la vida). Estimulan el sistema inmunitario, reducen las alergias y
> alivian la inflamación del intestino. También impiden la producción de
> toxinas susceptibles de sobrecargar el hígado, mejoran el tránsito
> intestinal, disminuyen las flatulencias y previenen los trastornos
> digestivos (estreñimiento o diarrea). Para que realmente merezcan
> llamarse probióticos, es necesario demostrar sus efectos
> científicamente.
>
> Pero existen otras especies oportunistas o patógenas, susceptibles de
> originar problemas de salud de todo tipo, entre ellos alergias, micosis
> y hasta alguna enfermedad.
>
> Entre las micosis, la candidiasis provocada por la Candida albicans es
> alarmante, puesto que la proliferación de este germen en el organismo
> provoca una alteración del sistema inmunitario que puede abrir la puerta
> a otras enfermedades, como el cáncer.
>
> El reto es el siguiente: tenemos que favorecer la proliferación de
> bacterias beneficiosas mediante la implantación de especies
> favorecedoras de bacterias saludables y el uso del “abono” adecuado.Y,
> al mismo tiempo, debemos impedir que se desarrollen las especies
> patógenas, origen de enfermedades.
>
> A continuación puede ver qué medidas puede tomar para reforzar su
> sistema inmunitario, aumentar su vitalidad y, en definitiva, mejorar su
> bienestar.
>
>
> Reducir el consumo de alimentos en estado puro
> Se deben consumir con moderación alimentos en estado puro, no
> procesados, como la carne, el queso, las grasas y los azúcares simples
> (o monosacáridos), ya que pueden romper el equilibrio de la microflora.
>
> Desde los años cincuenta, el consumo de alimentos en estado puro no ha
> dejado de crecer, con el consiguiente e incesante desarrollo de lo que
> llamamos enfermedades del mundo desarrollado: es decir, enfermedades
> cardiovasculares, trastornos digestivos, metabólicos, del sistema
> nervioso u osteoarticular, etc.
>
> Sirva como ejemplo el elevado consumo de azúcares simples: sacarosa,
> fructosa, maltosa, lactosa, glucosa...
>
> Todos los alimentos azucarados o que se transforman rápidamente en
> azúcares simples, incluido el zumo de frutas, favorecen la proliferación
> de una flora fúngica que altera el sistema inmunitario, aumentando el
> riesgo de diabetes, obesidad, accidentes cardiovasculares y todo tipo de
> cáncer.
>
> Puede parecer exagerado, pero hoy en día los médicos no tienen ninguna
> duda al respecto: un consumo elevado de azúcar produce hiperglucemia y,
> consiguientemente, hiperinsulinemia, que provoca la formación del tumor
> cancerígeno y acelera el crecimiento de células tumorales.
>
> Los españoles consumen de media 43,8 kilos de azúcar al año, es decir,
> unos 120 gramos al día (equivalente a entre 15 y 20 cucharaditas de
> postre diarias). La mayor parte de este azúcar se “cuela” a través de
> productos elaborados (refrescos y bebidas azucaradas, cereales,
> derivados lácteos, etc. que se endulzan con fructosa, el principal
> edulcorante industrial). Esta cifra es alarmantemente alta. Debería
> reducirse como mínimo hasta colocarse por debajo de los 10 kilos al año.
> Y también deberíamos reducir el consumo de carne, grasas saturadas y
> lácteos.
>
> Así que prioricemos las frutas, legumbres y cereales integrales, bayas,
> frutos secos, pescados grasos ricos en nutrientes como el colágeno,
> minerales, vitaminas liposolubles y ácidos grasos omega-3. Podemos tomar
> algo de carne, lácteos (sobre todo leche de cabra y oveja) y aceites
> vegetales (preferiblemente aceite de oliva o nuez), algo menos de grasas
> saturadas y muy pocos dulces.
>
>
> Comer más fibra: es “prebiótica”
> La alimentación moderna es demasiado rica en alimentos en estado puro
> (carne, queso, grasas y azúcares) y pobre en fibra. A pesar de no ser un
> nutriente esencial de nuestro cuerpo, la fibra alimentaria resulta
> indispensable para preservar la flora intestinal, que se alimenta de
> ella transformándola en ácidos orgánicos que protegen y regeneran la
> mucosa intestinal.
>
> Algunas fibras alimentarias son solubles porque tienen poco peso
> molecular. Se las denomina “prebióticas” porque su objetivo es estimular
> el crecimiento de las bacterias “probióticas” o bacterias “buenas” del
> ecosistema intestinal.
>
> Como nuestra flora intestinal se nutre de fibras, no podemos dejar que
> se eche a perder privándola de las fibras solubles que podemos
> encontrar, por ejemplo, en la fruta de temporada bien madura, en una
> gran variedad de legumbres (preferiblemente leguminosas y crucíferas) y
> en los cereales de siempre, pobres en gluten (arroz, mijo, avena,
> espelta…).
>
> Consuma especialmente legumbres y frutas ecológicas, porque no contienen
> pesticidas (cancerígenos) ni conservantes (antibacterianos y
> antifúngicos que alteran la flora intestinal).
>
> Además, en necesario evitar la ingesta conjunta de hidratos de carbono y
> alimentos ácidos (por ejemplo, cereales y cítricos, cereales o legumbres
> con vinagre o limón, tomate y pasta o arroz...), ya que los ácidos
> neutralizan la acción de las enzimas salivales sobre el almidón de los
> hidratos de carbono, con la consiguiente producción de toxinas en el
> intestino.
>
>
> Redescubrir los productos fermentados
> Todas las semiconservas fermentadas contienen bacterias del grupo
> láctico (Lactococcus, Enterococcus, Leuconostoc, Pediococcus,
> Streptococcus, Lactobacillus…).
>
> Nuestros antepasados comprendieron instintivamente que los productos
> fermentados se conservaban bien y que su consumo era beneficioso para la
> salud. Desde comienzos del siglo pasado, el mundo de la microbiología ya
> puso poco a poco de manifiesto que algunas bacterias desarrolladas
> espontáneamente en los productos con fermentación láctica poseían
> características “probióticas”, es decir, beneficiosas para la salud.
>
> El chucrut se viene consumiendo desde la época de los Romanos, y la col
> fermentada sigue siendo hoy un plato importante de la cocina
> centroeuropea, desde Alsacia hasta Ucrania. En Polonia, Ucrania y muchos
> países de Europa del Este se consume borsch, una sopa de verduras cuyo
> ingrediente principal es el zumo fermentado de remolacha.
>
> También en los países asiáticos destaca el consumo de col fermentada,
> como en el kimshi coreano, aunque la mayoría de las verduras pueden
> consumirse de esta manera: zanahorias, berenjenas, cebollas, pepinos…
>
> En la cocina occidental, las aceitunas, pepinillos, remolacha, nabos,
> etc. se conservan mediante fermentación láctica. No obstante, la
> industria agroalimentaria tiende cada vez más a conservar los productos
> en escabeche o en vinagre, o a esterilizarlos tras la fermentación, lo
> que destruye las bacterias. La cerveza de hoy en día suele pasteurizarse
> a pesar de estar fermentada, por lo que contiene muy pocas bacterias y
> levaduras.
>
> Por el contrario, la leche fermentada es muy rica en bacterias
> beneficiosas para la salud con características “probióticas” de
> diferentes propiedades en función de la especie y biotipo bacteriano
> utilizado.
>
> Es el caso del yogur (fermentado por Streptococcus thermophilus y
> Lactobacilus bulgaricus), la leche acidófila (fermentada por
> Lactobacillus acidophilus), la leche con bifidus (fermentada por
> Bifidobacterium bifidum, longum, breve o lactis), el kéfir (fermentado
> por varias especies de Lactococcus, Leuconostoc, Lactobacillus,
> Sacharomyces, Kluyveromyces, etc.). Todos estos tipos de leche
> fermentada son importantes para la salud, especialmente si la materia
> prima procede de cabra, oveja o yegua. En lo que respecta a los yogures
> clásicos, cada vez más y más personas desarrollan una intolerancia a la
> leche de vaca, que se manifiesta en inflamaciones como rinitis,
> sinusitis, artritis, artrosis, etc.
>
>
> Comer adecuadamente
> Mastique y ensalive bien los alimentos, sobre todo aquellos ricos en
> almidón, como los cereales, las frutas, las verduras y las legumbres.
> Masticar adecuadamente garantiza que la primera fase de la digestión
> tenga lugar en la boca bajo los efectos de la amilasa de la saliva,
> evitando una fermentación intestinal putrefacta que produzca toxinas.
>
> No abuse de los alimentos que en ocasiones producen reacciones de
> intolerancia, como pueden ser la leche de vaca y sus derivados, los
> cereales modernos ricos en gluten y sus derivados.
>
>
> Evitar el agua con cloro
> Se añade cloro al agua del grifo antes de que ésta sea distribuida para
> el consumo precisamente porque acaba con los gérmenes dañinos que pueda
> contener.
>
> Es una gran idea y, desde que se inició esta medida, enfermedades como
> la disentería o el cólera han desaparecido en los países desarrollados.
>
>
> No obstante, el cloro tiene el mismo efecto en nuestro tubo digestivo:
> tiende a desinfectarlo, matando indistintamente a los microorganismos
> buenos y a los malos. Hay que evitar el contacto innecesario con
> sustancias bactericidas (que matan bacterias) o fungicidas (que matan
> levaduras y hongos), incluidos los productos para desinfectar las manos
> y la piel, porque acaban con todas las cepas microbianas, sean éstas
> buenas o malas. Además, la piel y los órganos sexuales también están
> cubiertos de una microflora que hace frente a los gérmenes nocivos, así
> que más vale cuidarla.
>
> Si se toman todas estas precauciones, la microflora protectora se
> reequilibrará ella sola, siempre y cuando nuestra alimentación y nuestra
> forma de vida se lo permitan, ya que son los dos medios más poderosos
> que tenemos para recobrar la salud.
>
> Para hacer el proceso más fácil, se pueden tomar también algunos
> complementos alimenticios. El problema es que la mayor parte de los
> “probióticos” a la venta no funcionan. ¿No será porque se ofrecen en
> formato de comprimidos, lo que implica que se ha debido aplicar una
> fuerte compresión de sus componentes, que hace subir la temperatura y,
> por tanto, ha matado las bacterias?