24/01/2026
LOS EMPLEADOS.
El organigrama hospitalario en la provincia se componía de las siguientes formas.
El director de la hospitalidad provincial disponía de un equipo de colaboradores: médicos, topiqueros, enfermeros, practicantes, hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, otras órdenes, capellanes, celadores, cabos de salas, farmacéuticos, mozos, y demás operarios.
La asistencia en el Hospital de San Lázaro estaba a cardo de uno de los profesores médico del cuerpo de facultativos de la beneficencia provincial que designaba el director de dicho cuerpo, junto al practicante topiquero y los enfermeros.
Los profesores tenían la función de curar las enfermedades comunes de los aislados y un plan adecuado para tratar la especial que padecían. Tenía la obligación de realizar una visita diaria al hospital. Prescribía los medicamentos a tomar por los enfermos. Cuando realizaba las curas estaba acompañado del practicante y enfermero en la sección de hombres y de practicante y una monja en la de mujeres. Daba informes médicos y daba parte de las novedades de todo género al director facultativo.
Había un practicante topiquero que tenía la obligación de vivir en el establecimiento. Su función consistía además de acompañar al profesor y auxiliarle en las curas, llevaba dos libretas, una para las medicaciones y otra para los alimentos. Diariamente, escribía en una papeleta la medicación y alimentos de cada enfermo que se lo pasaba a las monjas encargadas de farmacia y cocina.
Presenciaba el reparto de comida tanto a los encamados como los de comedor, cuidando de que cada uno recibiera lo prescripto. Administraba las medicaciones prescriptas en formas y horas señaladas, aplicaba el tópico auxiliado por el enfermero de sala en caso de hombres y una monja en caso de mujeres. Durante la noche, desde la diez hasta el amanecer, si estuviera prescrita alguna medicación, se la entregaba a la monja de vela.
El practicante topiquero se levantaba a las cinco treinta de la mañana en invierno, primavera y otoño, en verano a las cinco de la mañana. No podía acostarse antes de las nueve de la noche, tenía que pasar por todas las habitaciones para ver si cada uno ocupaba su cama.
Por otro lado, los enfermeros estaban obligados principalmente a cuidar y asistir con deferencia a los enfermos, acudiendo a su llamamiento y auxiliándolo en cuanto fuera preciso.
Tanto los topiqueros como los enfermeros acompañaban a los enfermos en sus paseos fuera del recinto hospitalario, los jueves y domingos de cada semana, por las inmediaciones del Convento de San Jerónimo o por la orilla del río.