23/01/2026
El cuerpo como reflejo del Cielo
Cómo entiende la acupuntura la salud y la enfermedad
Muchas veces me preguntan cómo funciona la acupuntura.
Y siempre respondo lo mismo: no es fácil de explicar, porque no nace de una lógica mecánica, sino de una visión profunda de la vida.
Los textos clásicos de la medicina china, especialmente el Nei Jing —el Canon Interno del Emperador Amarillo—, nos enseñan que el ser humano no está separado del universo. El cuerpo es un universo en miniatura, mientras que el universo es un gran cuerpo vivo. Esta visión comparte la misma raíz que el I Ching: la observación de los ciclos, del cambio constante y de la resonancia entre el Cielo, la Tierra y el ser humano.
Por eso, para comprender la salud del cuerpo, primero hay que comprender las leyes que gobiernan la naturaleza:
los ciclos del sol y la luna, el movimiento de las estrellas y el ritmo de las estaciones.
Desde esta observación nace la medicina china.
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Las estaciones viven dentro de nosotros
La tradición china reconoce cinco estaciones.
Además de primavera, verano, otoño e invierno, existe una quinta estación: el final del verano, el tiempo de transición, de maduración y de humedad.
Cada estación se expresa dentro del cuerpo a través de un órgano principal:
• La primavera se manifiesta en el hígado
• El verano en el corazón
• El final del verano en el bazo
• El otoño en los pulmones
• El invierno en los riñones
Esto no es una metáfora poética, sino una forma de comprender cómo el cuerpo responde a los ritmos naturales.
Cada estación trae consigo un clima dominante.
En primavera predomina el viento, en verano el calor, en el final del verano la humedad, en otoño la sequedad y en invierno el frío.
Cuando estos climas se vuelven excesivos, afectan primero al órgano que les corresponde.
El viento agita al hígado.
El calor consume al corazón.
La humedad estanca al bazo.
La sequedad debilita a los pulmones.
El frío enfría y contrae a los riñones.
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Del órgano al cuerpo
Cada órgano gobierna una parte concreta del cuerpo físico, tal como describe el Nei Jing:
• El hígado rige los tendones y ligamentos
• El corazón, los vasos sanguíneos
• El bazo, la carne y los músculos
• Los pulmones, la piel
• Los riñones, los huesos
Por eso entendemos que el viento termina dañando los tendones, el calor los vasos sanguíneos, la humedad los músculos, la sequedad la piel y el frío los huesos.
El cuerpo no enferma al azar.
El desequilibrio comienza cuando se rompe el ritmo.
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El clima interior: las emociones
Pero no todo desequilibrio entra desde fuera.
Con más de treinta años de experiencia clínica, he visto una y otra vez que el clima más persistente es el interior.
Las emociones, cuando se mantienen en el tiempo, actúan como verdaderos factores patógenos internos.
La ira y la frustración dañan al hígado.
La ansiedad y la apatía alteran al corazón.
La obsesión y el exceso de pensamiento debilitan al bazo.
La tristeza y el encierro emocional afectan a los pulmones.
Los miedos profundos, y también las actitudes rígidas de control y autoritarismo, erosionan a los riñones.
Y de nuevo, el daño se expresa en el cuerpo:
La ira tensa los tendones.
La ansiedad altera los vasos sanguíneos.
El exceso de reflexión bloquea los músculos.
La tristeza marchita la piel.
El miedo debilita los huesos.
Aquí encontramos una de las raíces principales del origen de muchas enfermedades.
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Los canales: la vía por la que el cuerpo regula el clima
Todo lo anterior necesita un camino para manifestarse en el cuerpo.
Ese camino son los canales.
En la medicina china, los órganos no funcionan de forma aislada. Están conectados entre sí y con todo el cuerpo a través de una red viva de canales por los que circula la energía y la sangre. Gracias a ellos, el organismo puede regular los desequilibrios producidos tanto por el clima exterior como por el interior.
Cada uno de los grandes canales tiene una afinidad principal con un tipo de clima, y por tanto una mayor capacidad para ayudar a regularlo dentro del equilibrio general del cuerpo:
• El canal de hígado tiene afinidad con el viento
• El canal de corazón, con el calor
• El canal de bazo, con la humedad
• El canal de pulmón, con la sequedad
• El canal de riñón, con el frío
Esto permite actuar sobre el canal más adecuado cuando un determinado clima se vuelve excesivo y daña al organismo.
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Los puntos como herramientas de regulación
Dentro de cada canal no todos los puntos tienen la misma función.
Existen puntos con acciones específicas que permiten ajustar el tratamiento según la naturaleza del desequilibrio.
Clásicamente, cada canal dispone de puntos relacionados con los Cinco Movimientos, que ayudan a regular distintos climas cuando estos se alteran:
• Puntos que ayudan a dispersar el viento
• Puntos que ayudan a moderar el calor
• Puntos que ayudan a drenar la humedad
• Puntos que ayudan a corregir la sequedad
• Puntos que ayudan a sostener y proteger frente al frío
Así, el tratamiento no se centra solo en el lugar donde aparece el síntoma ni únicamente en el órgano afectado, sino en la naturaleza del desequilibrio que lo ha provocado.
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La lógica de la acupuntura
Visto desde fuera puede parecer complejo, pero su lógica es sencilla.
Si hay viento, se regula el viento.
Si hay calor, se modera el calor.
Si hay humedad, se drena la humedad.
Si hay sequedad, se nutre y se humidifica.
Si hay frío, se protege y se sostiene la energía.
La acupuntura no introduce nada artificial en el cuerpo.
Utiliza los canales y los puntos como un sistema de ajuste fino para activar mecanismos que ya existen.
Por eso una aguja colocada lejos del síntoma puede producir un efecto profundo.
No actúa localmente: actúa sobre el canal, y el canal redistribuye el equilibrio por todo el organismo.
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Sencillez consciente
Como dice un antiguo proverbio chino:
cuando la verdad es profunda, puede explicarse con sencillez;
cuando se complica en exceso, suele haberse perdido su esencia.
Este artículo no pretende ser un tratado académico ni abarcar toda la complejidad teórica de la medicina china. Su intención es hacer comprensible algo profundo, mostrando la lógica viva que hay detrás de la acupuntura.
Después de muchos años de práctica, he aprendido que cuando una idea es verdadera, puede explicarse de forma sencilla. Y que cuando se complica en exceso, muchas veces se pierde su esencia.
La acupuntura no lucha contra la enfermedad.
Escucha el desequilibrio, restablece el ritmo perdido
y ayuda al cuerpo a recordar su lugar dentro del orden natural.
Sanar no es corregir una pieza rota.
Sanar es volver a alinearse con el Cielo.
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CIERRE
Hay caminos que no se recorren con los pies, sino con la escucha.
El cuerpo habla constantemente: a través del dolor, del cansancio, de la emoción que se repite, del síntoma que insiste. La acupuntura no silencia esa voz, la traduce.
Cuando comprendemos que el ser humano vive dentro de los mismos ritmos que la naturaleza, la enfermedad deja de ser un enemigo y pasa a ser un mensaje. Un aviso de que algo se ha desajustado en el diálogo entre el Cielo, la Tierra y el cuerpo.
La aguja no impone, no fuerza, no corrige desde fuera.
Se coloca en el punto justo para recordar al organismo cómo volver a regularse por sí mismo. Por eso la acupuntura no trata enfermedades aisladas, trata personas dentro de su momento vital, de su clima interno y de su historia.
Sanar no es eliminar síntomas.
Sanar es recuperar el ritmo.
Y cuando el ritmo se restablece, el cuerpo vuelve a hacer aquello para lo que fue creado: vivir en equilibrio.
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Donde pongas atención, nacerá comprensión.
Donde pongas comprensión, comenzará la sanación.
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