06/02/2026
A veces, el mayor acto de fuerza de una mujer no es sostener, sino soltar.
Como mujeres acostumbradas a resolver, a dirigir y a cuidar, a menudo caemos en la trampa de creer que si no empujamos, la vida se detiene. Creemos que si no damos la instrucción precisa, el otro no sabrá cómo acompañarnos.
Pero hay una sabiduría más profunda en el "no hacer".
Habitar el vacío es retirar la mano y permitir que la realidad se revele tal cual es. Sin juicios, sin reclamos, simplemente observando la correspondencia. Si al dejar de dirigir, la música se detiene, esa es la información que necesitabas para recuperar tu paz.
Hoy elijo la ternura sobre el resentimiento.
Comprendo que cada uno da lo que tiene y llega hasta donde su nivel de consciencia le permite. Mi soberanía no depende de que el otro entienda mis sugerencias, sino de que yo respete mi propio descanso, mi chocolate caliente y mi silencio.
En el programa Armonizarte, no aprendemos a cambiar a los demás. Aprendemos a ser tan soberanas de nuestro bienestar que el vacío ya no nos asusta, nos libera.
¿Te has sentido alguna vez agotada por ser la única que sostiene la vibración de una relación o un proyecto?
Te leo en comentarios.