31/12/2025
Cerrar el año no siempre es celebrar.
A veces es respirar hondo
y aceptar que no todo salió como lo soñabas.
Que hubo decisiones que dolieron,
personas que se fueron sin explicación
y planes que nunca llegaron a ser.
Y aun así, seguiste.
Con miedo,
con cansancio,
con dudas que pesaban más que las certezas.
Seguiste cuando lo fácil habría sido rendirse,
cuando el corazón pedía pausa
y la vida seguía empujando.
Cerrar el año también es mirar hacia adentro
y reconocer cuánto creciste sin notarlo.
Todo lo que aprendiste a soltar,
lo que dejaste de justificar,
lo que ya no estás dispuesta a cargar
aunque antes lo hicieras por amor o costumbre.
No es poco.
Es evolución.
Es entender que sobrevivir también cuenta,
sobre todo cuando el alma estuvo cansada
y nadie vio la lucha.
Que este cierre no sea un adiós triste,
sino un gracias honesto.
Gracias por lo vivido,
por lo aprendido,
por lo que terminó
y por lo que todavía duele un poco.
El año se va,
pero tú sigues aquí.
Más consciente,
más fuerte,
y un paso más cerca
de la vida que quieres construir.