27/01/2026
Para algunas personas, entregarse en un vínculo significó adaptarse, cuidarse poco y sostener al otro para no perder la relación.
No fue una elección libre.
Fue una forma temprana de proteger el vínculo cuando sentir, pedir o poner límites no era posible.
En algunos vínculos, cuidar al otro, sostener más de la cuenta o ajustarse constantemente
ayudó a no perder el lugar, el contacto o la relación.
No fue debilidad.
Fue una estrategia de supervivencia relacional.
La dificultad aparece cuando esa forma de vincularse sigue activa en el presente,
aunque el contexto haya cambiado,
aunque el cuerpo esté cansado
y la relación deje de ser un espacio seguro.
Ahí se genera una confusión profunda:
la entrega se vive como amor,
la adaptación como compromiso,
y el sacrificio como vínculo.
Darse cuenta de este movimiento no lo transforma todo de inmediato.
Entre la conciencia y el cambio hay camino, tiempo y proceso.
Ese darse cuenta abre una posibilidad esencial:
dejar de exigirse desaparecer para que el otro se quede.
El trabajo no es amar menos.
Es aprender a vincularse sin renunciar a una misma.
Y, con el tiempo, cuando el vínculo ya no se sostiene desde el miedo a perder,
el amor puede ir dejando de ser sacrificio
y empezar a tomar forma de encuentro.
Seguimos…