27/07/2020
A TI QUE ACABAS DE PARIR.
Mi querida amiga mujer madre puérpera reciente.
Acabas de llegar a casa.
Saliste hace un par de días con un bolso de ropita diminuta, un bebé en tu panza y una fantasía de hijo en tu mente, repleta de amor e ilusión, también su pizca de temores y ansiedades y el deseo de conocerlo pronto...
Y regresas hoy, en tus brazos cargando a tu hijo, recién salido de ti... por fin, aunque tan pronto...
Sigues repleta de amor y contemplas su carita una y cien veces como incorporándolo de a poco.
En su pequeñez, desde su suavidad, sus olores, su liviandad.
Aún no te acostumbras a que esté fuera tuyo.
Lo amas y hueles irrefrenablemente pero también hay momentos en que te desorientas de lo rápido que ha sido todo.
Te mareas pensando cómo será ahora todo.
Y qué tal pasarán esta nueva noche que se les viene.
A veces estarás acompañada, pero aún así te sentirás sola.
Que todo depende de ti.
Conservar esa vida y tu propia integridad mental serán tareas que pesan.
Desearás ser abrazada fuerte...
Quizá hay más niños que amas y te costará encontrar en tu mente y en tu cuerpo espacio para todos.
A veces querrás que se los lleven lejos y quedarte en una burbuja fusionados con tu cría menor.
Otras veces querrás tenerlos a todos juntos bajo un abrazo doble, triple, cuádruple, como un gran paraguas que a todos cobije de aguas, lágrimas y tormentas.
Quizá a ratos también quieras estar sola otra vez, sola contigo y anheles los últimos momentos de soledad y libertad que parecen tan lejanos hacia atrás y tan imposibles hacia adelante.
Por momentos extrañas tu amplia guata y los movimientos que anunciaban la vida y que sentías en completa complicidad y clandestinidad con la de pequeño amante por venir.
Extrañarás el embarazo quizá a veces también...
Caminas con un bolsillo vacío en la piel de tu abdomen, es tu cuerpo en transición, cansado , recién parido, recién parado. Reblandecido por la experiencia. Fortalecido también. Reacomodando sus piezas y reconociéndose.
Adolorida, sangrante, chorreas por doquier.
Frágil y poderosa.
Sensible como nunca.
Ingurgitada y atenta a las bajadas de leche.
Con el cuerpo molido por el esfuerzo de Parto todavía.
Aunque activado y energizado para cuidarlo de todo y todos.
Con Temor de ir al baño, el fantasma del prolapso...
El miedo a que todo caiga y nada se sostenga.
Con entuertos físicos pero también psíquicos.
Con reminiscencias de contracciones y de dolores.
Cansada pero en alerta.
En quietud pero con más intensidad que nunca.
Escuchando miles de voces, unas tuyas otras de otros.
Algunas antiguas otras nuevas.
Algunas en susurro otras a gritos, algunas amigables que te sostienen, otras exigentes hacen temblar tus certezas y surgir inseguridades.
Ahí estás, en un día que tendrá sol y sombra una y otra vez.
Olores, colores, músicas, melodías, tarareos varios que como mantras acudirán a tu mente en ritmos sagrados.
Ahí estás perdiéndote y encontrándote en cada intercambio de miradas y olfateos con tu pequeño nuevo ser.
Desencajada del mundo que sigue afuera girando y avanzando.
Y tú en casa, con ritmos ajenos a todos, sin relojes ni calendarios.
En un minuto con hambre, que al segundo siguiente olvidas por sentir un quejido, un balbuceo, un crujido.
Y ahí estás, de nuevo con él en brazos, intentando que tome, que no duela, que succione, que trague, que no se ahogue, que no se duerma, los chanchitos!
C**a otra vez, que alguien te traiga un pañaaaaaal!
Un rotativo sin fin en la eternidad de un día puérpero...
Un abrazo a todas las mujeres en puerperio reciente!
✍🏼 Soledad Ramírez
🖼️ Amanda Greavette