27/03/2026
Desde hace (demasiado) tiempo estar en redes sociales supone un entristecimiento del propio cuerpo. Tener que leer auténticas salvajadas, comprobar lo irrespetuosa y lo malvada que es la gente, es muy agotador. La elección de sus palabras, una detrás de otra, sin ningún cuidado, solo para vomitar, para escandalizar, para hacer daño, sin ningún tipo de reflexión, de pudor. Ayer, como tantos otros, fue un día duro para estar en Internet asistiendo una vez más a lo miserable del ser humano, eso que nos habita a todas las personas, claro, pero que de tanto comprobarlo nos produce un malestar. Decía Camus que "nombrar mal es añadir desgracias al mundo". ¿Dónde está la bondad y la belleza del mundo entre tanta desgracia? Hoy me comprometí con una amiga a comprar unas flores. Quizás esté ahí la belleza: en el compromiso con las amigas y en las flores.