13/01/2026
El dolor crónico no entiende de edad…entiende de miedo. Y también de vergüenza.
De pequeños nos movemos sin filtros: rodamos, saltamos, nos caemos, nos levantamos, hacemos el ridículo sin saberlo. Jugamos. Exploramos. El cuerpo es un juguete, no un problema.
Con los años algo cambia. Aparece el miedo a hacernos daño, el miedo al dolor, el miedo al “no debo”.
Y aparece también la vergüenza: vergüenza a movernos “raro”, a probar, a jugar, a hacer el tonto,
a que nos miren.
Y sin darnos cuenta vamos limitando el movimiento… y cuando se limita el movimiento, se limita la vida, la libertad, la autonomía.
Y todo ello muchas veces es responsable del dolor crónico.
No es la edad lo que nos duele.
Nos duele la pérdida de libertad.
Nos duele el miedo aprendido.
Nos duele haber dejado de jugar.
Recuperar movimiento no es solo estirar o fortalecer.
Es volver a confiar, es permitirse explorar, es reconciliarse con el cuerpo.
Moverse sin miedo también es terapia. Jugar también es salud.