04/02/2026
Esta es mi primera aparición por aquí este 2026. No hay un motivo exclusivo ni tampoco de peso. Simplemente me he dedicado a bailar el día a día y el son no me ha traído por estos lares.
Sin más, me he dejado llevar, he ido fluyendo con lo que pasaba al otro lado de la pantalla...
Observar esto me ha ayudado a decidirme por la propuesta que hoy te comparto dentro de este hilo conductor sobre las estrategias de regulación emocional de las que llevo hablándote algún tiempo.
Hoy te hablo de la posibilidad de regular nuestro sistema nervioso permitiendo a nuestro cuerpo dejarse llevar por la música, fluir con ella, moviéndonos según lo que ésta nos haga sentir.
No se trata de aprender pasos, ni de entrenar una coreografía perfecta, sino de escuchar nuestro cuerpo, responder a lo que sentimos y permitirnos expresar esas emociones de manera libre y respetuosa al ritmo de la música.
La ciencia respalda esta conexión: estudios en psicología y neurociencia muestran que el movimiento corporal y la música activan sistemas cerebrales relacionados con la emoción, reducen el estrés y regulan nuestro estado de ánimo.
Movernos al ritmo de la música aumenta la liberación de endorfinas, disminuye el cortisol (la hormona del estrés) y nos ayuda a procesar emociones difíciles, canalizándolas de manera saludable.
Además, la fluidez que requiere este tipo de movimiento es en sí misma un acto regulador. Nos invita a soltar tensiones, a responder de manera espontánea y a reconectar con nuestra intuición corporal. En otras palabras, nos enseña a acompañarnos emocionalmente, a sentir sin juicio y a equilibrarnos desde dentro hacia afuera.
Fluir con la música y con nuestro cuerpo es, por tanto, un ejercicio simple pero poderoso: un recordatorio de que nuestras emociones necesitan ser escuchadas, sentidas y liberadas, y que nuestro cuerpo puede ser un aliado fundamental en esa regulación.
¿Te animas a probar cómo te hace sentir el dejarte llevar por la música?