Consulta de psicología María Paz Enriquez

Consulta de psicología María Paz Enriquez Terapia Gestalt y Sistémica. Formación junguiana en la SEPATerapia individual, de pareja y familiar.

14/01/2023

"Leer me ha salvado, no la vida sino el espíritu. Leer es protección y refugio en tiempos difíciles. Y en tiempos de paz y felicidad, leer sigue siendo refugio del espíritu. No asedia, acoge. No rechaza, se abre".
Catherine Clement

Para mí nieta Ana.
08/11/2022

Para mí nieta Ana.

07/07/2022

Un hombre encontró el capullo de una mariposa y se lo llevó a su casa para poder verla cuando saliera. Un día, se percató de que había un pequeño orificio y se sentó a mirar durante horas cómo la mariposa luchaba por salir. La observó forcejear con empeño para poder pasar su cuerpo a través del pequeño orificio del capullo, hasta que llegó un momento en el que al hombre le dio la sensación de que la mariposa había dejado de luchar, ya que aparentemente no progresaba en sus intentos. Era como si se hubiera atascado.

Entonces, dejándose llevar por su bondad, el hombre decidió ayudar a la mariposa y con unas pequeñas tijeras hizo una incisión junto al orificio del capullo para hacerlo más grande. De esta manera, por fin la mariposa pudo salir. Sin embargo, se veía que tenía el cuerpo muy hinchado y débil y unas alas pequeñas y dobladas.

El hombre continuó observando. Esperaba que en cualquier instante las alas se desdoblarían y se extenderían lo suficiente para soportar el cuerpo de la mariposa y que el cuerpo se contraería al reducir lo hinchado que estaba. Pero ninguna de las dos cosas sucedieron y la mariposa solamente podía arrastrarse en círculos con su cuerpecito hinchado y sus alas dobladas… Nunca pudo llegar a volar.

Lo que el hombre en su impaciencia e ignorancia (disfrazada de bondad) no entendió es que las mariposas necesitan de ese terrible esfuerzo que supone romper su prisión para poder vivir. Porque durante esos instantes el corazón late con muchísima fuerza y la presión que se genera en su primitivo árbol circulatorio inyecta la sangre en las alas, que así se expanden y la capacitan para volar. Así que lo que las buenas intenciones del hombre provocaron fue que aquella mariposa muriera antes de convertirse en lo que estaba destinada a ser.

REFLEXIÓN

Cuando leí por primera vez este cuento me vinieron a la cabeza todas esas veces en que pensamos que estamos ayudando a alguien cuando, en realidad, lo que estamos haciendo es perjudicarle. En vez de empujar y forzar a que la otra persona se levante, es mucho más sano respetar su ritmo, acompañarla y dejar que sea ella quien saque un aprendizaje de lo que la vida le está presentando. Solo así podrá aprender de la experiencia.

Esto es, al fin y al cabo, una parte de lo que hacemos los psicólogos: acompañar a la persona en su experiencia y hacerle de espejo para que ella misma pueda darse cuenta y hacer algo con lo que le está pasando.

Otra lectura que se puede hacer del cuento es la del riesgo que supone sobreproteger a los niños y no dejarles hacer cosas para las que están perfectamente capacitados. No se trata de dejarlos solos, sino de no hacer por ellos lo que podemos enseñarles a hacer por si mismos… aunque se equivoquen, aunque sean más lentos, aunque sintamos el impulso de darles soluciones inmediatas ante sus problemas.

01/07/2022

Nos pasamos la vida intentando cumplir expectativas ajenas para encajar en la familia, en nuestro grupo de amigos, en el lugar de trabajo, con nuestra pareja… Y, curiosamente, cuanto más nos acercamos a lo que los demás esperan de nosotros, más nos alejamos de nuestra esencia.

Desde niña te ha apasionado la música, pero estudiaste Medicina porque es lo que tu padre, médico también, esperaba de ti. A veces te apetece quedarte en casa leyendo tranquilamente, pero a tu mejor amiga le encanta salir de compras y la acompañas porque es lo que se espera de una buena amiga. Empiezas a convivir con tu pareja y ella está acostumbrada a comer con su familia todos los domingos; tú preferirías dedicar algunos fines de semana a otras actividades, pero no puedes fallarla… Y así van pasando los meses y los años y un buen día te das cuenta de que ya no sabes qué te gusta a ti, qué te emociona, qué quieres, ni quién eres… Has desaparecido…

No dejes que el miedo a decepcionar a los demás te anule. Olvídate de encajar y disfruta de la libertad de ser tú misma, de ser tú mismo…

18/06/2021

No hay piedra en el camino que no podamos aprovechar para nuestro propio crecimiento. No podemos evitar encontrar obstáculos en la vida, enfrentarnos a fracasos o sufrir pérdidas más o menos dolorosas. Pero sí podemos decidir cómo afrontarlas y qué actitud tomar.

27/05/2021

“El intento por definir lo que es el autoconcepto, y diferenciarlo de lo que es el sí mismo, o el self si empleamos el término anglosajón, constituye un área de estudio importante y prolija dentro del ámbito de la psicología de la personalidad. (…)

El primer psicólogo en plantear esta cuestión fue James (1890), quien estableció una diferencia fundamental entre el Yo como sujeto consciente y pensante, y el Yo como un objeto que puede ser pensado.

Mientras que el Yo como sujeto sería equiparable al yo mismo, es decir, a una entidad mental y subjetiva que representaría el núcleo o la esencia de lo que somos, el Yo como objeto se relacionaría con la idea de “lo que es mío” (…)

El Yo como objeto se refiere al conjunto de percepciones, creencias y evaluaciones que el individuo tiene y hace en relación consigo mismo, siendo equivalente a su autoconcepto.

Desde una perspectiva más moderna el Yo como sujeto es entendido como el sí mismo o el self; esto es, como un sistema dinámico y coherente de representaciones cognitivas y afectivas, que, de forma consciente e inconsciente, registra nuestras experiencias; permite darnos cuenta de quienes somos; identifica nuestros pensamientos y sentimientos; es capaz de planificar, ejecutar y observar nuestra conducta en los diferentes contextos sociales; y procesa, construye e interpreta la información proveniente de nuestras interacciones sociales”.

(José Bermúdez Moreno, et al., Psicología de la personalidad)

02/03/2021

Si no has podido superar la muerte de un ser querido y estás tratando de salir del duelo, puedes poner en práctica estos 5 rituales.

02/03/2021

En el interior de todas, todas las personas del mundo, conviven 4 animales: un perro, un conejo, un tigre y un avestruz.

El PERRO es muy majo y colaborador. Está pendiente de los demás sentir y comprender lo que les pasa, gustarles, y colaborar para que las cosas vayan bien. Se siente seguro y en calma, con la sensación de que el mundo es un lugar amable, repleto de buenas personas que, como él, saben y quieren cuidar.

El CONEJO es pequeño, con las orejas grandes para detectar el peligro y las patas muy fuertes para correr a toda velocidad. Es muy sensible a los ruidos que anticipan los predadores, como, por ejemplo, el aleteo de un águila o los pasos de un zorro. Permanece alerta para salir disparado si las cosas se ponen mal. Para él, el mundo es un lugar peligroso, pero confía en la fuerza de sus patas para ponerse a salvo. En consecuencia, se siente seguro allí.

El TIGRE es enorme, con los músculos fuertes, dientes terribles, y garras que pueden herir con facilidad. Si siente el riesgo, ruge, y si el peligro no desaparece está dispuesto a matar. Confía en el terror que genera, en su peso y fuerza para doblegar a sus enemigos, y está dispuesto a atacar. Para el tigre, es importante dar el primer golpe, porque marca el resultado de la pelea. Como has podido imaginar, siente que el mundo es peligroso, repleto de bestias, pero también sabe que es fuerte, capaz de imponerse por su valor, arranque, fiereza y fuerza de voluntad.

El AVESTRUZ es grande, pero se siente muy pequeñita e indefensa. Si está acorralada, mete su cabeza debajo de la tierra, dejando su cuerpo expuesto ante lo que pueda pasar. Cuando se refugia en la oscuridad, su mente vuela lejos de allí, se separa de su cuerpo, e imagina un lugar mejor, donde es un conejo o un tigre que se saben y se pueden defender. Eso le ayuda a soportar la situación y, si se produce un ataque, a no sentir el dolor. Sin embargo, cuando saca la cabeza de la tierra se queda con una sensación muy mala, porque sabe que, cuando peor se pusieron las cosas, se quedó bloqueada y no se pudo proteger.

* Los animales reaccionan así no sólo ante lo que pasa FUERA, sino también ante lo que pasa DENTRO de nosotros. El conejo puede huir de alguien que siente que le va a causar daño, o de una sensación del cuerpo que le resulta desagradable como, por ejemplo, la presión en el pecho, un n**o en la garganta o una presión en la boca del estómago. El tigre puede atacar a un competidor agresivo, pero también volverse contra uno mismo, por ejemplo, en forma de autoexigencia o culpa. Y el avestruz puede enterrar su cabeza si está entre la espada y la pared o, entre otras cosas, si tiene que tomar una decisión cuyo resultado, sea cual sea, presiente que no le va a gustar.

Para que las personas, niños, niñas o mayores, estemos bien, tenemos que PODER pasar de un estado a otro. Es decir, funcionar como perro, conejo, tigre y avestruz. Porque, al igual que es muy sabio colaborar con los demás, también lo es huir, luchar o separarse del cuerpo si estamos atrapados y no hay otra opción. A fin de cuentas, el mundo no es siempre tan SEGURO y AMABLE como nos gustaría que fuera, ¿verdad?

Sin embargo, a veces, nos quedamos ATASCADOS en el conejo, el tigre o el avestruz; y ahí es justo donde las cosas empiezan a ponerse mal, porque el sufrimiento deja de ser una ALARMA del cuerpo para ser un ESTADO VITAL. Entonces, sentimos que SOMOS ese animal; y eso nunca, nunca, nos viene bien. Porque el conejo, que se sentía fuerte utilizando sus patas, empieza a sentirse pequeño y cobarde, y que las cosas no le van a ir bien. El tigre, que se sentía poderoso con sus músculos y sus garras, empieza a percibir que sólo puede hacerse daño a sí mismo y, sobre todo, a los demás. Y el avestruz, puede llegar a excavar un pozo muy profundo del que al final no puede salir.

Pero, ¿por qué nos atascamos en un animal?

Hay muchas razones, y cada cual tiene las suyas, pero normalmente es porque el mundo o nosotros mismos NO NOS TRATAMOS BIEN. Es decir, que no hay suficientes perritos a nuestro alrededor, y que hemos olvidado que nuestro perrete sigue ahí, esperando su oportunidad de salir.

Cuando nos atascamos en el conejo nos decimos «soy un cobarde»; cuando nos pasa en el tigre que «somos malos o culpables»; y cuando permanecemos en el avestruz que «no hacemos nada para defendernos o para protegernos a nosotros mismos o a los demás»; sin entender que no somos nosotros los que elegimos nuestros estados, sino que se activan desde FUERA DE NUESTRA FUERZA DE VOLUNTAD. Y que, cuanto más crueles somos con esos animales, más tensión y peligro sienten, reafirmándose en su forma de funcionar porque, para ellos, es la única que puede ser.

¿Cómo salir de ahí?

Hay muchas formas de hacerlo pero, lo más inteligente, es chequear nuestro cuerpo y observar en qué estado estamos, aceptándolo como algo contra lo que no tiene sentido luchar. ¿Estoy en modo conejo? ¿Tigre? ¿O avestruz? Y decirnos que nosotros también tenemos derecho, como todo el mundo, a estar ahí.

Ayuda mucho también, recordarnos que nosotros NO SOMOS ESE ANIMAL, sino todos ellos: el perrete, el conejo, el tigre y el avestruz. Y que las reacciones de nuestro cuerpo no nos definen, porque no están bajo nuestro control.

Es muy inteligente acompañar las sensaciones del cuerpo que se activan cuando estamos conectados con cualquier animal. Observándonos por dentro, sintiendo cómo está nuestro cuerpo, mirándolo con curiosidad, podemos ayudarle a liberar tensiones, siendo conscientes de que esos estados van cambiando, comunican lo que necesitan y pueden fluir.

Podemos también —si se puede— tratar de recordar momentos en los que hemos sido otro animal. Y, entonces, conectar con las sensaciones que esos recuerdos evocan, muchas veces de fortaleza, control y seguridad. Porque, siempre, siempre, digo siempre, ha habido experiencias con los 4 animales, y eso está bien.

Sin embargo, a veces estamos sufriendo tanto que, solas o solos, no podemos salir. Entonces, sólo vale que se nos acerque un perrete, moviendo la cola y chupándonos con alegría, para sentir, con mucho gustito, que nosotros también ESTUVIMOS, NOS MERECEMOS y PODEMOS estar así. Entonces, sólo nos queda abrir las ventanas a esa ayuda, y dejar que entre lo bueno para recordarnos que esa CALMA y esa SEGURIDAD que necesitamos sigue dentro, esperando, justo ahí.

Se trata, entonces, de CUIDAR del conejo para que se sienta acompañado, protegido, y se pueda relajar y dormir. Al tigre, para que se sienta parte de una manada que le protege, y se tumbe al sol. Y al avestruz, acariciando su cuello, para que, poco a poco, vaya recordando que su cuerpo está a salvo y sigue ahí. Y, claro, al perrete, para que sienta que lo que sirve a todos sus amiguitos es justo lo que puede, sabe y quiere hacer bien.

Que todos descansen. Que recuperen su esplendor. Porque, más pronto que tarde, los vamos a necesitar.

No lo sé, ¿se entiende así?

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Referencias:

DANA, D. (2019). La teoría polivagal el terapia. Cómo unirse al ritmo de la regulación. Barcelona: Eleftheria

PORGES, S.W. (2017). Guía de bolsillo de la teoría polivagal: el poder transformador de sentirse seguro. Barcelona: Eleftheria

LEVINE, P. A. y KLINE, M. (2017) Tus hijos a prueba de traumas. Una guía parental para infundir confianza, alegría y resiliencia. Barcelona: Eleftheria

SIEGEL, D. (2012). El cerebro del niño. Barcelona: Alba Editorial

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Gorka Saitua | educacion-familiar.com

04/02/2021

Cuántos padres se endeudan para poder llevar a sus hijos a Disneyland después de hacer la comunión, o comprarles un teléfono móvil de última generación para que puedan chatear durante todo el día c…

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