13/02/2026
Hay frases que duelen más de lo que parecen.
“Soy tonto.”
“No valgo para esto.”
“Siempre lo hago mal.”
Cuando un niño empieza a hablar así, no es una tontería. Es desgaste.
No suele pasar de un día para otro. Pasa después de muchas tardes difíciles.De compararse. De intentarlo y no entender por qué a otros les sale mejor.
Y poco a poco deja de pensar:
“Esto me cuesta.” Para empezar a pensar:
“Yo soy el problema.”
Ahí es donde empieza a doler de verdad.
En casa se suele responder con ánimo:“Venga, tú puedes”. “Concéntrate un poco más.”
Y se hace desde el cariño.
Pero cuando la frustración es constante, no estamos hablando solo de esfuerzo.
👉 Esta semana prueba algo diferente.
En vez de preguntar por la nota o por si ha terminado, pregúntale:
“¿En qué momento te has sentido peor hoy estudiando?”
No es una pregunta cómoda. Pero abre una conversación que muchas veces no se tiene.
A veces no necesita más presión. Necesita sentirse entendido.
Si notas que la frustración escolar está empezando a afectar a su autoestima, podéis escribirnos en privado y solicitar una cita informativa para valorar la situación con calma.