02/04/2026
Hace muchos años un niño se dejó su botella de agua en la clínica. Pasa todas las tardes, y al final del día siempre hay que tirar alguna botella que no sabemos de quién es, pero esta tenía su foto, pegada con celo y bastante deteriorada. Este niño venía dos veces a la semana así que la dejamos ahí para dársela el próximo día, pero al rato, llamó la madre por teléfono angustiada preguntando si estaba allí su botella, le dijimos que si y comentamos entre nosotros, que "hay que ver, volver otra vez hasta aquí, si es una botella de las típicas del super..."
Cuando llegó nos contó que su hijo solo bebía agua de ESA botella, no aceptaba otra aunque fuese la misma marca. Ni con su misma foto pegada igual. Si no estaba ESA botella, no bebía agua. Así de rotundo.
Con los años todos los que trabajamos aquí hemos ido aprendiendo a no juzgar, y a cambiar ese juicio por un apoyo, pero a veces pasa. Y juzgas sin saber, y metes la pata hasta el fondo...
Este dos de abril, me gustaría haceros reflexionar a los profesionales sobre en qué momento habéis juzgado y luego os habéis dado cuenta de lo que pasaba, y a las familias en qué momento os habéis sentido juzgados (por profesionales, amigos, familia...), porque creo que puede ser muy enriquecedor que ambos lados nos contemos estas cosas.