16/02/2026
En las sesiones de psicoterapia con este niño, el protagonista es Coco, un cocodrilo 🐊. Este nos acompaña, observa, siente, juega, salta… y hoy, junto a él, hemos construido algo muy importante: un refugio 🏠.
El refugio de Coco es un lugar donde poder resguardarnos de aquello que nos asusta. Entre los dos, terapeuta y niño, fuimos levantando paredes fuertes, un tejado resistente, pensando qué necesitaba ese espacio para que fuera realmente seguro, ya que no se trata solo de esconderse, sino de crear protección, decidir qué es fuerte, qué sostiene y qué cuida.
A través de esta construcción simbólica, no solo levantamos una casa imaginaria. En sesión estamos trabajando la sensación de seguridad, la confianza y la alianza terapéutica. El refugio se convierte en una representación interna: un lugar donde es posible bajar la guardia, explorar emociones, escuchar al cuerpo y permitir que algo nuevo se organice desde dentro. Nosotros entendemos que la seguridad no se explica: se experimenta, se siente, se vive. En el vínculo se va creando poco a poco esa experiencia reparadora.
Así, el refugio de Coco funciona como un espacio transicional donde el niño puede ensayar nuevas formas de estar en el mundo: menos solo, menos en peligro, más sostenido. Desde ese lugar protegido, el psiquismo y el cuerpo encuentran las condiciones necesarias para que el proceso terapéutico avance, respetando el ritmo del niño y honrando su historia.