30/12/2025
📓 LA MUJER QUE SOBREVIVIÓ AL 2025 SIN MATAR A NADIE.
(aunque tuvo motivos suficientes como para justificarlo en un tribunal celestial)
Día 389 del año 2025.
El Comité Felino ha declarado estado de sarcasmo permanente.
Zumo ha tomado el teclado como rehén y exige snacks.
Sombra presenta planos de fuga llenos de flechas y corazones.
Luto redacta informes con frases tipo “la humanidad no era la mejor idea”.
Miga se ha escondido en una taza junto a tres clips, un destornillador y una galleta mordida que nadie recuerda haber empezado.
Yo ya no respondo de mis actos.
Tengo café.
Y una vela encendida.
Si lees esto, no llames. Solo envía croquetas.
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Sobrevivir al 2025 ha sido una coreografía de pequeños colapsos cotidianos:
el supermercado sin yogures, el móvil sin batería, la paciencia sin stock.
No construí un imperio. No fui a París. No fundé una secta. Pero mantuve vivos a mis gatos y no lancé ningún objeto por la ventana.
Eso, en mi opinión, merece al menos una estatua de cera con forma de flan de vainilla.
Zumo, el naranjita desquiciado, decidió que la mejor forma de empezar el día era tirando la taza de café sobre la declaración trimestral. No por accidente. Por convicción ideológica.
Sombra empezó a dibujar mapas de fuga con lápices robados. Dice que hay una salida secreta detrás del armario de los tupers sin tapa, pero se niega a mostrar la ruta si no hay sobornos de salmón.
Luto, con sus gafas de sol y su aura de gato que leyó a Nietzsche en una caja de cartón, redactó un documento que tituló:
“Cómo sobrevivimos al 2025 sin ir presos. Versión extendida, con comentarios del Comité.” Incluye diagramas, anotaciones marginales y una lista de personas que casi no lo cuentan (en sentido emocional).
Y Miga… Miga se metió en una taza. Porque sí. Porque la vida a veces no tiene sentido y alguien tiene que representarlo visualmente. Desde allí observa, asiente sin motivo y guarda tornillos que no sabemos de dónde salieron.
Entre ellos y yo, el caos se mantuvo en equilibrio gracias a las velas: una con forma de mousse de chocolate, otra que parecía nata con tropezones de esperanza. Una calabaza verde que nadie se atrevió a encender porque parecía capaz de invocar entidades. Y la flor negra. Ah, la flor negra. La encendimos el día en que todo parecía estable. Duró tres minutos. Desde entonces, cada vez que parpadea, alguien del grupo recibe una llamada de su ex.
Yo sobreviví con café frío, velas encendidas y un pacto silencioso con el caos. A veces meditaba. Otras veces solo me quedaba mirando la puerta por si se abría sola y significaba algo. Nunca se abrió. Pero aprendí a mirar.
Y eso, según Luto, ya es bastante.
-Mara Acosta (Si esto no cuenta como heroísmo, que venga el 2026 y me lo discuta)
FELIZ AÑO NUEVO... o lo que sea