Mara Acosta

Mara Acosta 🎭 Escribo en bata, con gatos que juzgan y una vela encendida. No es terapia. No es coaching. No es un hobby. Es lo que queda cuando todo lo demás se cae.

📓 LA MUJER QUE SOBREVIVIÓ AL 2025 SIN MATAR A NADIE. (aunque tuvo motivos suficientes como para justificarlo en un tribu...
30/12/2025

📓 LA MUJER QUE SOBREVIVIÓ AL 2025 SIN MATAR A NADIE.

(aunque tuvo motivos suficientes como para justificarlo en un tribunal celestial)

Día 389 del año 2025.

El Comité Felino ha declarado estado de sarcasmo permanente.
Zumo ha tomado el teclado como rehén y exige snacks.
Sombra presenta planos de fuga llenos de flechas y corazones.
Luto redacta informes con frases tipo “la humanidad no era la mejor idea”.
Miga se ha escondido en una taza junto a tres clips, un destornillador y una galleta mordida que nadie recuerda haber empezado.
Yo ya no respondo de mis actos.
Tengo café.
Y una vela encendida.
Si lees esto, no llames. Solo envía croquetas.
________________________________________________________
Sobrevivir al 2025 ha sido una coreografía de pequeños colapsos cotidianos:
el supermercado sin yogures, el móvil sin batería, la paciencia sin stock.
No construí un imperio. No fui a París. No fundé una secta. Pero mantuve vivos a mis gatos y no lancé ningún objeto por la ventana.

Eso, en mi opinión, merece al menos una estatua de cera con forma de flan de vainilla.

Zumo, el naranjita desquiciado, decidió que la mejor forma de empezar el día era tirando la taza de café sobre la declaración trimestral. No por accidente. Por convicción ideológica.

Sombra empezó a dibujar mapas de fuga con lápices robados. Dice que hay una salida secreta detrás del armario de los tupers sin tapa, pero se niega a mostrar la ruta si no hay sobornos de salmón.

Luto, con sus gafas de sol y su aura de gato que leyó a Nietzsche en una caja de cartón, redactó un documento que tituló:
“Cómo sobrevivimos al 2025 sin ir presos. Versión extendida, con comentarios del Comité.” Incluye diagramas, anotaciones marginales y una lista de personas que casi no lo cuentan (en sentido emocional).

Y Miga… Miga se metió en una taza. Porque sí. Porque la vida a veces no tiene sentido y alguien tiene que representarlo visualmente. Desde allí observa, asiente sin motivo y guarda tornillos que no sabemos de dónde salieron.

Entre ellos y yo, el caos se mantuvo en equilibrio gracias a las velas: una con forma de mousse de chocolate, otra que parecía nata con tropezones de esperanza. Una calabaza verde que nadie se atrevió a encender porque parecía capaz de invocar entidades. Y la flor negra. Ah, la flor negra. La encendimos el día en que todo parecía estable. Duró tres minutos. Desde entonces, cada vez que parpadea, alguien del grupo recibe una llamada de su ex.

Yo sobreviví con café frío, velas encendidas y un pacto silencioso con el caos. A veces meditaba. Otras veces solo me quedaba mirando la puerta por si se abría sola y significaba algo. Nunca se abrió. Pero aprendí a mirar.

Y eso, según Luto, ya es bastante.

-Mara Acosta (Si esto no cuenta como heroísmo, que venga el 2026 y me lo discuta)

FELIZ AÑO NUEVO... o lo que sea

LA MUJER QUE ARCHIVABA LOS MENSAJES DE LUZ Era 24 de diciembre, y la mujer no esperaba nada.Ni llamadas.Ni milagros.Ni l...
25/12/2025

LA MUJER QUE ARCHIVABA LOS MENSAJES DE LUZ

Era 24 de diciembre, y la mujer no esperaba nada.
Ni llamadas.
Ni milagros.
Ni la paz interior prometida por los envoltorios.
Solo un café tibio, la compañía del Comité, y el silencio justo antes de la cena.
Entonces llegó el mensaje.
Largo, bien escrito, lleno de frases de esas que brillan más por fuera que por dentro.
Hablaba de transformación, de máscaras caídas,
de ciclos que se abren queramos o no.
Y de esa confianza en la Vida que aparece cada diciembre, como si el año entero no hubiera pasado.
Zumo fue el primero en detectarlo.
Cerró el móvil con una zarpada limpia y se instaló sobre él.
Sombra, sin levantar la mirada, anotó algo en su cuaderno invisible:

—Mensaje largo. Ninguna pregunta. Nivel de afecto: estacional.

Miga no dijo nada. Rodó lentamente hasta meterse en una bolsa de tela, como hacen los gatos cuando sospechan que algo huele demasiado a incienso social.

Luto se acomodó en la estantería alta y sentenció:
—Bendiciones recicladas. Brindis plural. Sin seguimiento. Confirmado: afecto de temporada.

La mujer no se molestó. Ni se emocionó. Solo pensó en lo curioso que es que ciertas personas recuerden tu existencia justo cuando se activa el modo místico automático.
Como si la Navidad fuera una especie de full moon para los vínculos ausentes.

Recordó que no era la primera vez. Que el año pasado también le escribieron. Y el anterior.
Siempre con palabras grandes, mensajes bonitos, y un silencio perfectamente sostenido los otros 360 días.

Eligió no explicar nada. No ironizó. Solo mandó un beso. Y dejó que el Comité hiciera lo suyo.

Zumo durmió encima del móvil durante una hora exacta. Miga respiró desde la bolsa.
Sombra clasificó el mensaje bajo “energía cordial sin implicación real”. Y Luto, sin cambiar el gesto, le lanzó un brindis invisible. Con gafas de sol. Y sin copa.

La mujer sonrió. Y pensó que a veces lo más espiritual que puedes hacer en Navidad
es distinguir entre lo que llega y lo que verdaderamente permanece.
🕯️





LA MUJER QUE SE DIÓ CUENTA DE QUE TODO EL MUNDO CORRÍA. La mujer lo notó un lunes, pero podría haber sido cualquier otro...
22/12/2025

LA MUJER QUE SE DIÓ CUENTA DE QUE TODO EL MUNDO CORRÍA.

La mujer lo notó un lunes, pero podría haber sido cualquier otro día de esos que no se molestan en ser especiales. Estaba en la cocina, peleándose con un paquete de café que se resistía como si tuviera dignidad propia, cuando lo escuchó: un zumbido constante, como si alguien hubiese soltado una colonia entera de humanos en modo centrifugado.

Salió a la ventana con la cuchara en la mano, por si había que defenderse. Abajo, la calle parecía una pista de atletismo improvisada. Gente corriendo en todas direcciones, con mochilas, con maletas, con la cara torcida de velocidad innecesaria. Un señor llevaba un jamón. Otro, a su hijo, pero al revés. Incluso la mujer del tercero, la del yoga y las infusiones depurativas, trotaba como si persiguiera sus propias toxinas.

La mujer miró su taza vacía y luego a Zumo, que estaba sentado sobre el microondas como si fuese un oráculo.

—¿Nos hemos perdido algo? —preguntó, sin dirigirse a nadie en particular. Zumo se lamió una pata con la intensidad de quien ha dejado de esperar respuestas del mundo.

Encendió el móvil, por si se trataba de un apocalipsis con entrada previa en redes sociales, pero no había ninguna alerta. Solo gente anunciando que tenían prisa, que el tiempo era oro, que si no llegaban a todo se desmoronaba el sistema, o el algoritmo, o la autoestima.

Decidió salir. Por curiosidad, no por necesidad. Sombra intentó impedirlo bloqueando la puerta con una postura de yoga felino que incluía desprecio. Miga la miró desde la repisa como quien ya sabe el final del cuento. Luto ni se inmutó; llevaba horas meditando sobre si moverse o dejar que el mundo colapse solo.

En la calle, una señora la empujó sin querer, disculpándose sin parar de correr. Un adolescente le pidió paso porque llegaba tarde a un podcast. Una mujer con tacones pasó a su lado como si fuera una escena de “Misión Imposible”, pero con bolsas de la compra. Todo el mundo parecía llegar tarde a algo que no sabían explicar.

La mujer avanzó unos metros, se detuvo frente a una tienda cerrada y miró su reflejo en el escaparate. Tenía puesta la camiseta del pijama y una zapatilla de cada color. No le sorprendió. Le preocupó más darse cuenta de que nadie lo había notado. Todos demasiado ocupados corriendo hacia ninguna parte.

Volvió a casa sin prisa. Puso una tostada, se le quemó, la rascó con resignación. Encendió el ordenador, escribió en Google: “¿Es obligatorio correr para vivir?”

El buscador no supo qué responder.

Zumo bajó del microondas y se sentó a su lado.

—Corren porque creen que así llegan antes —parecía decir con los ojos medio cerrados.

—¿A dónde? —respondió la mujer, y Zumo ronroneó, que es su forma de decir "exacto".

Aquella noche se acostó con la sensación de que el mundo había confundido la urgencia con el sentido. Que correr era solo una forma elegante de no quedarse solo con uno mismo. Y que ella, por alguna razón que todavía no entendía, prefería perderse esa carrera.

-Mara Acosta (a veces quieta, a veces en pijama, pero siempre con café y gatos)

LA MUJER QUE DESAPARECIÓ (Y A LO MEJOR VOLVIÓ)La mujer miró el calendario y no se sorprendió: era 17 de diciembre y segu...
17/12/2025

LA MUJER QUE DESAPARECIÓ (Y A LO MEJOR VOLVIÓ)

La mujer miró el calendario y no se sorprendió: era 17 de diciembre y seguía siendo ella. O eso creía.

Había un silencio nuevo en la casa, de esos que ni siquiera los gatos se atreven a romper. Miga, Sombra, Zumo y Luto llevaban días jugando a no hacer ruido, como si la ausencia fuera contagiosa.

Miga, para variar, organizó un grupo de WhatsApp: “Comité de Observación del Silencio”. Nadie respondió, porque el silencio se respeta, aunque tengas pulgares oponibles.

La mujer decidió probar una técnica ancestral de las grandes transformadoras: desaparecer. No dejar rastro. Ni stories, ni posts, ni siquiera un gif de gato. Porque a veces hay que callar hasta que los huesos decidan volver al mundo.

Zumo entrenó posturas de esfinge para ver si así comprendía el arte de esperar.

Sombra escribía haikus existenciales en las paredes:

“Hoy no hubo noticia,
el alma pide espera,
gato en la penumbra.”

Luto, con su disfraz de filósofo francés, rondaba la nevera y sentenciaba:

—En toda etapa que termina, hay una nevera llena de cosas por caducar y un humano esperando ser recalentado.

Días así, la mujer se rendía a la lógica de lo invisible. No hacía falta más circo. El público podía quedarse con su pan precocido y sus tazas de “sé tu mejor versión”. Aquí se servía silencio, pero del caro.

A veces, cuando parecía que nada volvía, un gato tiraba una vela, o Miga escribía un mensaje críptico en el teclado:

—“Quizá estamos de vuelta. O a lo mejor nunca nos fuimos. 🐾”

La mujer sonrió.

Porque solo los que saben desaparecer aprenden el truco más difícil: regresar cuando nadie te espera, ni tú misma.

🐾
—Mara y el Comité Felino (Expertos en desaparecer, volver… y dejar las luces encendidas por si acaso.)

En Canarias el otoño nunca llega. La mujer lo sabía desde niña: los árboles no se desnudaban, las aceras nunca se llenab...
02/10/2025

En Canarias el otoño nunca llega. La mujer lo sabía desde niña: los árboles no se desnudaban, las aceras nunca se llenaban de hojas crujientes y el frío era un rumor lejano que sólo aparecía en las películas. Aquí, el tiempo se disfrazaba de verano eterno y ella, aunque agradecida de vivir rodeada de luz, a veces envidiaba la certeza de quienes podían medir su vida en estaciones.

Así que decidió inventarse el suyo. Lo escondió dentro de una vela, como si fuera un secreto que solo ella podía descifrar. No había hojas secas, pero sí trozos de cera que parecían haber caído de un árbol invisible. No había aire frío, pero sí un silencio que contenía todas las despedidas que nunca ocurrían en su isla.

Ese era su otoño imaginario: quieto, inmóvil, pero lleno de significado. Un otoño que no estaba afuera, sino adentro, esperando en el borde de una llama todavía sin encender. Y al mirarlo, entendía que incluso en una tierra sin estaciones se podía aprender a soltar lo que pesa y a guardar lo que importa.🍁🍂
https://www.instagram.com/p/DPULaz9iIi7/?igsh=aTBsMmhkdW14aGFv

Hay momentos en los que no quieres ver, ni oír, ni hablar.Te plantas como esas figuritas calladas, cada una haciendo lo ...
08/09/2025

Hay momentos en los que no quieres ver, ni oír, ni hablar.
Te plantas como esas figuritas calladas, cada una haciendo lo suyo para no enterarse de nada.
Y al fondo, una bailarina diminuta te observa. No dice nada. No se mueve. Espera.
Sabe que estás en otra danza. Una sin música. Una que se baila sentada.
Y entonces, un aroma te atraviesa. No sabes de dónde viene, pero algo se suelta.
Tus manos empiezan a moverse. Primero por instinto. Luego por costumbre.
Y...quién sabe... puede que la bailarina coja un fósforo, encienda las velas, y... bailemos una sevillana
🙌 ⭐️

La vela estaba allí, apagada, con un nombre escrito como si fuera una broma privada: Migajas.No brillaba, no llamaba la ...
03/09/2025

La vela estaba allí, apagada, con un nombre escrito como si fuera una broma privada: Migajas.
No brillaba, no llamaba la atención… y aun así parecía demasiado consciente de su lugar.
Quizá esperaba a que alguien la encendiera.
O, peor todavía, a que alguien se acercara lo bastante para descubrir que a veces lo poco no es poco, sino la grieta por donde empieza todo.

LOS GATOS NO DAN CONSENTIMIENTO—¿Aceptas nuestras cookies?—¿De chocolate? —preguntó Zumo, con una ceja en alto y la leng...
24/07/2025

LOS GATOS NO DAN CONSENTIMIENTO

—¿Aceptas nuestras cookies?

—¿De chocolate? —preguntó Zumo, con una ceja en alto y la lengua fuera.

—No. De las otras. Las que se meten en tu casa sin pedir permiso y te siguen hasta en el baño, y luego te ofrecen un anuncio de papel higiénico —contestó Luto, con las pupilas en modo francotirador.

Miga había rastreado el portátil de la mujer. Entre gifs de gatos y correos sin abrir, había un aviso en letras pequeñas (y lenguaje turbio) que decía más o menos esto:

“Si no pagas, nos das tu alma. Si pagas, solo nos llevamos tus huellas. Tú eliges.”

Sombra lo leyó en voz alta con tono de notario distópico.

—Es oficial. Facebook quiere que elijas entre ser mercancía o cliente. Democracia estilo Silicon Valley.

Meta ha decidido blanquear su espionaje ofreciendo una elección muy moderna:

Pagar con todos tus datos, o pagar con dinero (y seguir usando tus datos, aunque no te pongan publicidad).

Y si no… coge la puerta y vete.

Vamos… una manipulación en toda regla. De esas que te dicen que eliges libremente… mientras sostienen la navaja debajo de la mesa.

Como si eso fuera libertad.

Como si alguien con cuatro gatos y una vida en reconstrucción quisiera pagar “a partir de 7,99€” al mes para que no le rastreen la tristeza (aunque lo hagan igual).

Zumo bostezó.

—O sea, o vendes tus datos... o vendes tus órganos.

—Tampoco exageres —dijo Luto—. De momento solo te perfilan, te vigilan, te mapean emocionalmente y te usan para entrenar inteligencias artificiales que luego te ofrecerán cosas que no necesitas mientras creen que saben quién eres. Nada grave.
Miga, que había aprendido a leer interfaces desde que descubrió el botón de “saltar anuncio”, tradujo el mensaje con precisión felina:

—Si no pagas, te vigilan para venderte cosas.

—Y si pagas… también te vigilan, pero no te ponen anuncios —añadió Sombra, desde el regazo de la mujer—. Eso sí: tu actividad, tu ubicación, tu forma de moverte y hasta tus pausas siguen alimentando sus modelos.

—O sea, que aunque pagues, sigues siendo parte del experimento —resumió Luto—. Solo cambias de categoría: ya no eres producto, eres cliente… pero igual te estudian.
Zumo miró la pantalla con cara de revelación apocalíptica.

—¡Estamos atrapados en un zoo de algoritmos!

En la terraza, Mara observaba cómo un pájaro dudaba entre picar alpiste o denunciar al algoritmo. Tenía el mismo dilema.

No se trataba de paranoia. Se trataba de dignidad narrativa.
Porque una cosa era contar historias. Y otra muy distinta era regalarle esa historia a una corporación con sede en ninguna parte, dispuesta a comercializar hasta la tristeza.

Los gatos la rodearon en asamblea.

—¿Y si dejamos de escribir aquí? —propuso Sombra.

—¿Y si migramos a nuestra propia cueva digital, sin que nos midan el tiempo que parpadeamos? —dijo Miga, con una galleta en la boca y una mirada de independencia absoluta.

—¿Y si les decimos, con todas las letras, que nos negamos a formar parte de esto?

Y así fue.
La mujer cerró el portátil con gesto lento.
Había llegado el momento.
Esto no iba de nostalgia.
No era drama ni exilio.
Era lucidez.
Y la lucidez, a veces, implica irse sin hacer ruido.

Este será el último relato publicado en esta red.
Si quieres seguir leyendo historias con alma, con gatos, con caos, crítica lúcida y humor afilado:
a partir de ahora nos encontrarás en la web.

🌐 www.mareadesabiduria.com

👉 La web ya está abierta al mundo.

Está en construcción, como nosotros.
Iremos subiendo los textos poco a poco, así que les pedimos un poco de paciencia.
No hay prisa, pero sí dirección.
Con amor, pero sin consentimiento algorítmico.

—Mara Acosta y El Comité Felino.

LA MUJER QUE BAJÓ DEL MURO PARA CONSEGUIR MONEDASEse día, la mujer se puso los zapatos menos ruidosos.No por discreción,...
17/07/2025

LA MUJER QUE BAJÓ DEL MURO PARA CONSEGUIR MONEDAS

Ese día, la mujer se puso los zapatos menos ruidosos.
No por discreción, sino por respeto al ritual.
—Hoy bajamos —dijo al Comité.
Los gatos levantaron la cabeza al unísono, como si ya lo supieran.
No era una huida.
Tampoco una caída.
Era logística.
El muro estaba bien para pensar, pero no servía para conseguir comida, ni alquilar tiempo, ni comprar aceite de sésamo.
Así que bajaron.
Caminaron por la ladera del sentido común, donde los pensamientos empezaban a pixelarse.
Cada paso era una decisión. Cada gesto, una traducción.
Zumo se disfrazó de gato doméstico.
Sombra guardó silencio y tomó notas mentales.
Miga se pegó a la pierna de la mujer, incómoda con la densidad emocional del ambiente.
Luto se puso gafas de sol, como si eso pudiera protegerlo de la mediocridad.
Al llegar al circo, el aire olía a self-branding y pan precocido.
Había gente vendiendo motivación en sobres.
Otros cambiaban identidad por seguidores.
Un puesto ofrecía afirmaciones positivas impresas en merchandising biodegradable.
“Sé tu mejor versión”, decía una taza.
La mujer pensó: ¿y si mi mejor versión es esta que no quiere sonreír?
Se acercó al tenderete del trueque.
—¿Qué ofreces? —preguntó el comerciante, sin levantar la mirada de su tablet.
—Narrativa, ironía, disonancia cognitiva… y cera vegetal.
El tipo la miró por fin.
—Hmm. Lo tuyo es poco vendible, pero tiene público raro. Te doy trece monedas.
—Veinte.
—Quince y media.
—Hecho.
Zumo lamió una bolsa de tela.
Miga grabó un vídeo con el caption:
“Mi yo negociando autenticidad en el mercado de las máscaras 🐾💸 ”
Sombra anotó: “volatilidad emocional en baja intensidad. Buen momento para retirarse.”
Con las monedas en el bolsillo, la mujer miró el escenario principal.
Seguían los mismos números: el contorsionista del multitasking, el mago que hacía desaparecer el burnout con una sonrisa, la equilibrista del “todo fluye”.
—¿Nos quedamos un rato? —preguntó Zumo.
—No hoy —dijo la mujer—. Hoy solo vinimos a sobrevivir.
Y con eso, emprendieron la subida de vuelta.
Con el alivio de saber que arriba seguía estando el muro.
🐾
—Mara y el Comité Felino
Expertos en bajar sin quedarse.

LA MUJER QUE SE SUBIÓ AL MURO Y SE ENCONTRÓ CON EL CIRCO.Salió a dar un paseo, necesitaba un poco de aire. Solo aire. La...
16/07/2025

LA MUJER QUE SE SUBIÓ AL MURO Y SE ENCONTRÓ CON EL CIRCO.

Salió a dar un paseo, necesitaba un poco de aire. Solo aire. La mujer caminaba con el comité: Sombra (el estratega), Zumo (el que se distrae con una mosca), Miga (la sensitiva) y Luto (el poeta existencial con complejo de murciélago).
Calle arriba, algo rompió la monotonía.

🎶 “Había una vez un circo… que alegraba siempre el corazón…” 🎶

—¿Eso es lo que creo que es? —preguntó la mujer, medio entrecerrando los ojos.

Miga se detuvo en seco. Su pelaje blanco se erizó como si hubiera tocado un enchufe emocional.

—Chicos… aquí hay movida.

Sombra olfateó el aire. Zumo lamió una farola. Luto miró al cielo con su habitual desdén hacia todo.

—Se huele a performance —dijo.

Al fondo, un muro viejo separaba la calle del espectáculo. Subieron como quien sube a un pedestal invisible. Y desde ahí lo vieron todo:

Carpas. Luces. Gente disfrazada de sí misma. Una pista central llena de adultos jugando a ser importantes. Payasos sin risa, equilibristas tambaleándose sobre frases tipo “todo bien, gracias” y “no es nada, ya pasará”.

—¿Pero esto qué es? —dijo la mujer.

—El circo de lo normal —respondió Sombra—. Hoy hacen doble función: una para encajar y otra para aparentar.

Zumo se asomó con un prismático (que nadie sabe de dónde sacó):

—¡Mira! Ahí va uno disfrazado de “éxito”, pero le asoma la ansiedad por el tobillo.

En la esquina del escenario, alguien vendía narices de payaso con diferentes slogans:

"Sonríe aunque te pudras", “Todo es actitud”, “No hagas drama, haz reels”.

Un mimo intentaba encajar en una caja de expectativas. El público aplaudía sin saber por qué.

—Esto no es un espectáculo —dijo Luto, —es un tutorial de cómo fingir que estás bien.

Miga grabó un vídeo:

“Mi yo observando el mundo desde la azotea de la disociación 🐾🎪 ”

Un cartel giratorio anunciaba:

“Hoy en el gran circo:
· El contorsionista de agendas imposibles
· La equilibrista del ‘no tengo tiempo’
· El mago que hace desaparecer el dolor con filtros”

La mujer suspiró.

—¿Y si nunca bajamos?

—¿Y perdernos esto? —dijo Zumo—. Ni loco.

Los cinco se quedaron ahí. Viendo a la sociedad girar sobre sí misma como un hamster en leggings motivacionales.
Desde arriba, no dolía tanto. Desde arriba, al menos, se veía claro: no era un circo de alegría, sino uno de apariencias. Uno donde todos actuaban, y nadie aplaudía de verdad.
Y por eso, Mara y su comité se quedaron sentados en el muro.
Por si alguien más quiere subir.

Mara y el Comité Felino
🐾 Observando el circo desde los márgenes desde tiempos inmemoriales.

LA MUJER QUE SOLO QUERÍA UNA BATIDORA (Y TERMINÓ EN UNA DISTOPÍA FELINA)La mujer se había cansado de batir el chantilly ...
13/07/2025

LA MUJER QUE SOLO QUERÍA UNA BATIDORA (Y TERMINÓ EN UNA DISTOPÍA FELINA)

La mujer se había cansado de batir el chantilly a mano. Literalmente. Tenía contracturas en los brazos, en la espalda y sospechosamente... en el pelo. Así que tomó una decisión valiente y moderna: ir a comprarse una batidora eléctrica.

—No pienso dejar que te vayas sola —dijo Sombra, subido al bolso como si fuera su Uber personal.

—Pues si tú vas, yo también —dijo Miga, desde el armario—. A mí no me dejan sola otra vez, que luego me entra la ansiedad y empiezo a lamer plásticos.

Zumo no dijo nada, solo la miró con esa cara que mezcla interrogación existencial y olor a pienso sin abrir.

Y Luto… Luto la miró con expresión de “ay mi madre, la que va a montar ahora” y sentenció:

—Yo paso. Este mundo está muy raro. Y yo no tengo energía para distopías de sábado por la mañana.

Así que la mujer y sus tres gatos (que no tenían carnet de conducir pero sí un gran sentido de la desobediencia) se fueron de compras.

Al llegar a la tienda, la realidad le dio una bofetada posmoderna: no había ni un solo humano.

Solo robots parlantes, estanterías que decían “hola” y una pantalla gigante que le preguntó si quería ayuda o si solo estaba mirando.

Ella empezó a buscar la batidora por su cuenta, mientras los gatos hacían lo suyo.

Zumo discutía con una freidora de aire que intentaba convencerle de que podía cocinar sin grasa. Él, ofendidísimo, le gritaba que eso era antinatural y que no confiaba en nadie que dijera “crujiente” sin haber pasado por aceite hirviendo.
Miga se hizo amiga de un robot de limpieza con forma de donut con luces LED. Lo llamó “Leidy”, lo acarició y se tumbó encima como si fuera su nuevo amante.

Sombra no se separaba de la mujer. Caminaba a su lado con cara de guardaespaldas emocional y cada vez que una tostadora decía “puedo prepararte el desayuno”, le soltaba un bufido.

Las máquinas comenzaron a comportarse de forma extraña. Una cafetera les ofreció una masterclass, un microondas habló de su infancia y una licuadora quiso leerle los chakras.

La mujer cogió la batidora y salió de allí como quien huye de una rave tecnológica.

Llegó a casa, dejó a los gatos desparramados por el sofá y se sentó con su nueva adquisición.

La miró, respiró hondo y dijo:

—Llevo tanto tiempo en pausa, que ya no sé si esto es la vida real o una actualización que salió mal.

—Mara Acosta y el comité felino (sobreviviendo a lo absurdo con estilo propio.)

🍉 SANDÍA ENCENDIDANo es magia. Es una vela.Pero cuando te sube el sofoco y te quieres arrancar la piel, esto ayuda.Aroma...
10/07/2025

🍉 SANDÍA ENCENDIDA

No es magia. Es una vela.
Pero cuando te sube el sofoco y te quieres arrancar la piel, esto ayuda.
Aroma fresco, real, como meter la cara en la nevera.
Perfecta para menopausias, veranos crueles o habitaciones que no ventilan ni a golpes.

No promete paz espiritual.
Promete que, por un rato, huele a sandía.

Dirección

Las Palmas De Gran Canaria

Teléfono

+34928021582

Página web

Notificaciones

Sé el primero en enterarse y déjanos enviarle un correo electrónico cuando Mara Acosta publique noticias y promociones. Su dirección de correo electrónico no se utilizará para ningún otro fin, y puede darse de baja en cualquier momento.

Contacto El Consultorio

Enviar un mensaje a Mara Acosta:

Compartir

Share on Facebook Share on Twitter Share on LinkedIn
Share on Pinterest Share on Reddit Share via Email
Share on WhatsApp Share on Instagram Share on Telegram