Inmaculada Jauregui Balenciaga - Psicología

Inmaculada Jauregui Balenciaga - Psicología Psicoterapia individual, de pareja y de familia. Terapia presencial y on-line. Talleres, formaciones

Doctora en psicología clínica e investigación (Universidad de Québec en Montreal, Canadá)
Maestría en psicoeducación (Universidad de Montreal, Canada)
Licenciatura en Psicología: Psicología social y psicología de la comunicación (Universidad del País Vasco)

03/01/2026

El DSM-5 al eliminar el término neurosis no solo abandona una categoría clínica sino que borra la noción de estructura subjetiva y elimina la dimensión simbólica. Proponiendo en su lugar, una taxonomía de síntomas cuantificables, desconectados de la lógica del deseo. El sujeto dividido, estructurado por la falta, ya no tiene lugar en el discurso de salubridad dominante.
La neurosis, como estructura, implica una relación relación coercitiva ante el deseo del Otro y su desaparición del campo diagnóstico puede leerse como una negación de la falta estructural, en favor de la lógica de completitud sintomática que ofrece el mercado: “si tienes ansiedad, toma este fármaco; si tienes compulsiones, sigue este protocolo”.
Lacan formalizó el discurso capitalista como aquel en el que el sujeto barrado ocupa el lugar del significante amo: no hay S1 que ordene el campo simbólico, sino una vacuidad estructural recubierta por la imagen. La subjetividad contemporánea, atrapada en esta lógica, queda sumergida en lo imaginario: la caída de las identificaciones simbólicas que orientaban la experiencia del espejo deja al sujeto errático, sin brújula, exigiendo a la imagen que garantice la identidad. De ahí la proliferación de síntomas actuales como dismorfias, disforias, anorexias, adicciones a la imagen que ya no remiten a un conflicto simbólico, sino a una captura narcisista sin mediación. “La subjetividad contemporánea está arrastrada, cautivada, envuelta en movimiento que la sumerge industrialmente en semblantes donde lo imaginario prevalece sobre lo simbólico.” (Miller, 2002)
El éxito del consumismo reside en haber capturado la falta estructural, reconfigurando la lógica del deseo mediante los efectos fantasmáticos de la publicidad. El sujeto ya no se constituye en torno a la castración, sino que se define por una carencia de goce que debe ser colmada por objetos que prometen una completitud imposible. Al eliminar la dimensión fálica de las estructuras psicopatológicas, se borra la posibilidad de cohabitar con la falta. El falo, como mediador simbólico del goce y lugar de las identificaciones, es sustituido por objetos de consumo. Las toxicomanías, en este sentido, son paradigmáticas: en la toxicomanía no existe lo masculino y lo femenino, sólo existen consumidores.
Ahora prevalece el sujeto desorientado, con identificaciones lábiles, erráticas, que se deslizan sin anclaje real. La máxima manifestación de la realidad devenida virtual es la postverdad, que emerge como una forma contemporánea que colinda la certeza psicótica: una identificación imaginaria que se impone por fuera de la realidad, sin pasar por la castración ni por el campo del Otro. Más que mentiras, son verdades sin sujeto, sin división; lo propio del registro imaginario es consolidarse negando la falta y su paradigma es la forma circular. “La fascinación por la forma esférica ha pesado sobre el espíritu humano, induciendo durante siglos al error”. (Lacan, 1960)
La verdad ya no se construye, se afirma desde la alienación imaginaria, en un intento de certeza sin duda, sin inconsciente, sin síntoma como un misterio sobre el ser, sin la dimensión trágica del ser humano, sin la palabra que hiende, en pos de un vaciamiento discursivo que define al sujeto de la época.
Pero el agujero no desaparece: cuando el sujeto queda atrapado en su imagen especular, sin poder ver la falta que la sostiene, termina encontrándola en el espejo mismo. “El viviente se considera él mismo como una bola, pero con el tiempo de todos modos se ha dado cuenta de que no era una bola, sino una burbuja.” (Lacan, 1976)
Roberto Reyes

03/01/2026

Los hombres con mayor inteligencia tienden a mostrar menos conductas negativas en la relación (por ejemplo, menos insultos o conductas de control hacia la pareja), más inversión en la relación y comportamientos más positivos dentro de ella.

La inteligencia suele ir acompañada de una mejor regulación emocional, más empatía, capacidad de reflexión y una mejor lectura de la dinámica en la relación. Estos hombres suelen anticipar consecuencias, comprender el impacto de sus palabras y conductas, y manejar los conflictos con menos impulsividad. Todo esto reduce comportamientos dañinos como la crítica constante, el control o la agresión emocional.

Fuente:
- Vance, G. S., DeLecce, T., & Shackelford, T. K. (2025). Men’s general intelligence and heterosexual romantic relationship outcomes. Personality and Individual Differences.

28/12/2025

Cuando no sabemos estar ni irnos, nos quedamos en pausa, posponiendo el final, como si evitar el dolor fuera lo mismo que evitar el duelo.

28/12/2025
27/12/2025

Por qué el ESTRÉS EMOCIONAL PROLONGADO debilita tu sistema inmune sin que lo percibas

El ESTRÉS EMOCIONAL PROLONGADO —emociones no resueltas, preocupación persistente, presión interna constante— no siempre se manifiesta con ansiedad evidente o síntomas físicos inmediatos. Sin embargo, actúa de forma silenciosa y progresiva sobre el sistema inmunológico, reduciendo su capacidad de defensa y volviendo al organismo más vulnerable a infecciones, inflamación y enfermedades, muchas veces sin que la persona sea consciente del origen.

El principal mediador de este proceso es el cortisol, la hormona del estrés. En situaciones breves, el cortisol ayuda a regular la inflamación y movilizar energía. Pero cuando el estrés emocional se mantiene durante semanas o meses, el cortisol permanece elevado de forma crónica y ejerce un efecto inmunosupresor. Reduce la producción y la eficacia de linfocitos T y B, células clave para reconocer patógenos y producir anticuerpos, debilitando la respuesta defensiva del organismo.

A nivel inmunológico, este estado genera una paradoja peligrosa. Por un lado, el sistema inmune pierde precisión y rapidez para responder a virus y bacterias; por otro, se mantiene una inflamación de bajo grado constante. El cuerpo está parcialmente activado, pero mal dirigido. Esta inflamación silenciosa consume recursos inmunes y deja menos capacidad disponible para enfrentar amenazas reales cuando aparecen.

El estrés emocional prolongado también altera la comunicación entre el sistema nervioso y el sistema inmune. El eje hipotálamo-hipófisis-adrenal permanece activado, desregulando la producción de citocinas, las moléculas que coordinan la respuesta inflamatoria. Este desorden provoca respuestas defensivas ineficientes: infecciones más frecuentes, recuperación más lenta y mayor tendencia a recaídas.

El intestino, donde se concentra gran parte del sistema inmune, es uno de los órganos más afectados. El cortisol elevado altera la microbiota intestinal y debilita la barrera intestinal, permitiendo el paso de toxinas y fragmentos bacterianos a la sangre. Este fenómeno mantiene al sistema inmune en alerta constante, agotándolo progresivamente y favoreciendo intolerancias alimentarias, infecciones recurrentes y procesos inflamatorios crónicos.

El sueño, íntimamente ligado al estado emocional, también juega un papel central. El estrés emocional prolongado fragmenta el sueño profundo, fase en la que el sistema inmune se regula, produce anticuerpos y fortalece la memoria inmunológica. Dormir mal no solo aumenta el riesgo de enfermar, sino que impide que el sistema inmune se recupere, perpetuando el debilitamiento defensivo.

A nivel celular, el estrés sostenido afecta la energía inmunológica. Las mitocondrias de las células defensivas producen menos ATP bajo estrés crónico, lo que limita su capacidad para multiplicarse, desplazarse y eliminar patógenos. Sin energía suficiente, la respuesta inmune se vuelve lenta y poco efectiva, incluso frente a infecciones comunes.

Lo más engañoso es que este deterioro ocurre sin síntomas claros al inicio. La persona puede notar solo cansancio persistente, resfriados frecuentes, infecciones que duran más de lo habitual o una sensación general de “baja defensa”, sin relacionarlo con el estrés emocional acumulado.

Con el tiempo, este estado favorece inmunosenescencia prematura, mayor riesgo de enfermedades inflamatorias, autoinmunes y metabólicas. No porque el estrés emocional “cause” directamente estas enfermedades, sino porque debilita las defensas que normalmente mantienen el equilibrio interno.

La recuperación comienza al abordar el estrés emocional como un factor biológico real. Dormir profundamente, procesar emociones, reducir la sobrecarga mental, moverse con regularidad y crear espacios de calma permiten que el cortisol descienda y que el sistema inmune recupere su capacidad defensiva natural.

En síntesis, el ESTRÉS EMOCIONAL PROLONGADO no siempre se siente, pero debilita silenciosamente tu sistema inmune, reduce tus defensas y te hace más propenso a enfermar. Cuidar la salud emocional no es solo bienestar mental: es una estrategia clave para proteger la inmunidad y la salud integral a largo plazo.

27/12/2025
27/12/2025
27/12/2025

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