01/04/2026
No es que quieras menos a tus hijos.
Es que llegas al momento “bonito” reventada.
Después de llevar desde primera hora siendo despertador, agenda, cocina, chófer, memoria y la persona que tiene que acordarse de absolutamente todo.
Y claro.
Llega el abrazo.
El juego.
La tarde en familia.
Y tú solo piensas en la cena, la lavadora, lo del cole de mañana y en que ojalá nadie te hablara cinco minutos.
Luego te sientes fatal por eso.
Pero no, no te estás volviendo fría.
Estás saturada.
Y una madre saturada no disfruta. Sobrevive.