19/04/2026
Hay pensamientos que muchísimas madres tienen
y esconden en el segundo siguiente.
No porque sean raros.
Porque da vergüenza decirlos.
Decir que no quieres que te hablen.
Que no sabes ni qué te apetece.
Que diez minutos no te arreglan nada.
Que estás harta de ser la agenda con patas de la casa.
Que no estás mal por querer menos a nadie, sino por no parar ni un minuto.
Eso es lo que casi nadie dice en voz alta.
Porque en cuanto lo piensas, entra la culpa a morderte el tobillo.
Y ya te pones tú sola la etiqueta:
mala madre, egoísta, exagerada, quejica.
Pero no.
Lo raro no es pensar estas cosas.
Lo raro sería no pensarlas llevando encima todo lo que llevas.
El problema no es que se te pase por la cabeza.
El problema es seguir tragándotelo, seguir apretando y seguir fingiendo que estás bien mientras por dentro vas con la mecha corta.
Léelo entero.
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