30/11/2025
Hay espacios que son divinos; espacios compartidos dónde se invita a la reflexión y el conocimiento, dónde conversar sobre temas estructurales que nos atraviesan y condicionan nuestra formas de vivir y relacionarnos, espacios dónde sentirnos acompañadas.
El sábado tuve la oportunidad de compartir un lugar así en para hablar de libros con motivo de la semana contra la violencia machista; 7 libros, uno por cada día de la semana, que finalmente fueron 9. Historias escritas por mujeres con altas dosis de realidad que nos interpelaron y pusieron en evidencia la sociedad en la que vivimos. Porque la violencia no siempre es tan evidente como imaginamos, sino que permea en nuestras vidas con una sutileza enfermiza.
Los libros son higiene mente- cuerpo, del ser, como lo es el sueño, la vida relacional, la naturaleza, la música o la alimentación. Todo lo que forma parte de nuestras rutinas nos transforma de alguna manera, así la lectura tiene la capacidad de hacer que no seamos la misma persona después de cada historia.
Cómo muchas me habéis preguntado, dejo por aquí los títulos que nos acompañaron:
- Todo sobre el amor. bell hooks
- La mujer helada. Annie Ernaux
- (h) amor. Celos y culpas
- Yo, mentira. Silvia Hidalgo
- Cómo ser mujer. Caitlin Moran
- El lunes nos querrán. Najat El Hachmi
- Siempre han hablado por nosotras. Najar El Hachmi
- Carcoma. Layla Martínez
- El delantal y la maza. María Arranz
No podía desaprovechar la oportunidad de este momento sin poner sobre la mesa El delantal y la maza. Un ensayo que plantea una reflexión personal, pero muy bien documentada sobre cómo se muestra la cocina en diferentes disciplinas artísticas como el cine o la literatura.
Aun siendo un tema complejo, creo que merecía la pena debatir sobre él; la comida es el eje central en nuestras vidas, vital. Para mí, mantener viva la cocina y hablar de ella, es mantener viva la memoria de muchas mujeres, de nuestras abuelas, de la tierra y de la propia cultura.
Y, aunque todas sabemos que la cocina arrastra una fuerte carga de sumisión asociada a las mujeres (muchas no tuvieron la opción de elegir), no ha sido solo eso. También ha sido un espacio de encuentro, cuidado y cariño, de transmisión de saberes orales entre mujeres que no tuvieron la oportunidad de aprender a leer y escribir. “La cocina tiene una parte de ser humano funcional”, de persona autónoma, y eso es algo a lo que todos aspiramos de alguna manera. Y, por qué no decirlo, de lucha contra el capitalismo.
Gracias a todas las personas que me acompañaron y a mi familia Omega.