Marta Balsa Psicóloga

Marta Balsa Psicóloga Información de contacto, mapa y direcciones, formulario de contacto, horario de apertura, servicios, puntuaciones, fotos, videos y anuncios de Marta Balsa Psicóloga, Psicólogo, Policlínica Ciudad Norte. Avenida de la Coruña 301, Bajo. ( Lugo) R. S: C-27-000931, Lugo.

Crecer emocionalmente implica aceptar que no siempre te van a querer como quieres, sino como pueden.Hay algo profundamen...
11/04/2026

Crecer emocionalmente implica aceptar que no siempre te van a querer como quieres, sino como pueden.

Hay algo profundamente liberador en comprender que las personas ( familiares, amigos, parejas...) solo pueden darte lo que tienen disponible en su interior. No por falta de voluntad, no siempre por falta de interés, sino porque cada quien carga su propia historia, sus propias limitaciones, sus propios miedos enquistados en lugares que ni siquiera conocen. Y es ahí, en ese reconocimiento, donde comienza la madurez emocional: dejar de esperar que los demás te entreguen versiones de amor, atención o validación que simplemente no están en su capacidad de dar.

Durante años construimos expectativas sobre cómo deberían querernos. Idealizamos gestos, anticipamos palabras, diseñamos escenarios donde el otro, finalmente, nos ve como necesitamos ser vistos. Pero la vida no funciona así. Las personas llegan con sus propios mapas internos, trazados por experiencias que desconocemos, por heridas que aún no han sanado, por aprendizajes que todavía no han alcanzado. Y cuando su forma de querer no coincide con lo que esperábamos, nos sentimos traicionados, decepcionados, como si hubiera habido un acuerdo tácito que solo existía en nuestra mente.

La verdad incómoda es que nadie firmó ese contrato. Nadie prometió quererte exactamente de la manera en que lo necesitas. Y aunque duela aceptarlo, esa desconexión entre lo que esperamos y lo que recibimos no siempre es negligencia o desamor. A veces es simplemente incompatibilidad de lenguajes emocionales. A veces es que la otra persona está dando todo lo que sabe dar, todo lo que aprendió a dar, y eso, en su mundo, es suficiente. Pero en el tuyo, se siente vacío.

Aceptar esto no significa resignarse a migajas de afecto ni justificar relaciones que te descuidan. Significa, más bien, dejar de exigirle a los demás que sean versiones mejoradas de sí mismos solo para satisfacer tus necesidades. Significa entender que si alguien no puede estar presente de la forma en que lo necesitas, no es porque no valgas la pena, sino porque sus recursos emocionales y prioridades están distribuidos de otra manera. Y eso está bien. No todo el mundo está equipado para amar como tú necesitas ser amado. No todo el mundo está en el mismo punto del camino. Y no todo el mundo quiere hacer el esfuerzo de ceder aunque eso no implique tener que traicionarse.

Y quizás lo más difícil de todo es aplicarte esa misma comprensión a ti mismo. Aceptar que tú tampoco siempre has podido querer como el otro necesitaba. Porque todos somos personas valiosas que no siempre sabemos amar de la manera en que otros necesitan. Que también has amado desde tus propias limitaciones, desde tus miedos, desde tus propios vacíos, desde lo que pudiste en ese momento. Porque todos cargamos con esa fragilidad humana: la incapacidad de ser todo para todos, de amar de forma perfecta, de estar siempre a la altura de las expectativas ajenas. Y si puedes perdonarte eso a ti mismo, entonces podrás perdonárselo también a los demás.

La paz no está en recibir el amor perfecto que imaginaste. Está en soltar la exigencia de que el mundo se ajuste a tu necesidad, y en aprender a valorar lo que sí te están dando, aunque sea diferente. Y cuando eso no sea suficiente o te haga daño, está en tener la claridad para alejarte, no con resentimiento, sino con la tranquilidad de quien entiende que simplemente no era recíproco ni compatible.
Y eso no vuelve falso lo vivido. No convierte el amor en error. No borra la ternura, ni los aprendizajes, ni la belleza de ciertos instantes.
Porque cerrar un vínculo con respeto también es una forma de amor. Una forma adulta. Una forma limpia. Una forma rara en un mundo que, cuando no sabe quedarse, suele preferir destruir.
Porque el amor maduro no pone al otro en un altar ni en una mesa de reparación. Lo pone frente a sí, como un ser humano completo, imposible de domesticar del todo, hermoso también en su diferencia. Y luego decide. A veces abraza. A veces se queda. A veces toma distancia. A veces suelta. Pero cuando es amor de verdad, no humilla para irse ni exige metamorfosis para quedarse. Sino que acepta como quien cierra una puerta con lágrimas en los ojos y gratitud en las manos.

Hay algo que siempre aparece justo antes de crecer: el miedo.No el miedo que te protege, sino ese que te paraliza, que t...
03/04/2026

Hay algo que siempre aparece justo antes de crecer: el miedo.
No el miedo que te protege, sino ese que te paraliza, que te hace dudar, te limita, te dice que no eres suficiente o que algo va a salir mal.
Pero el miedo no es un enemigo, sino una señal.
Una puerta.

Porque casi siempre lo que más temes es exactamente lo que necesitas enfrentar.

El miedo aparece cuando estás cerca de algo importante: un cambio, una verdad, una versión más auténtica de ti.

Pero si huyes, te quedas igual.
Si lo enfrentas… te transformas.

El miedo no desaparece. Se integra.
Y al hacerlo, deja de controlarte y de tomar decisiones por ti.
La seguridad no nace de la capacidad de predecir la certeza de un resultado ni es la ausencia de miedo. Nace de soltar la necesidad de que todo tenga garantías en el proceso de enfrentar una situación incluso cuando una parte de ti duda.

Una creencia muy común pero desacertada es sentir que todo lo que me incomoda o genera malestar es negativo. Y que la comodidad es síntoma de lo contrario, de que algo me conviene.

Es algo que sucede a menudo en los vínculos.
Activan partes nuestras que suelen pasarnos desapercibidas.
Cuando no nos vinculamos es fácil sentirnos fuertes. Nadie nos confronta, nadie nos espeja, nadie toca nuestras heridas más sensibles.
Pero cuando alguien entra de verdad en tu vida, ahí es donde realmente se revela cuánto puedes sostenerte por dentro.
Una relación sana no viene a anestesiar tus miedos. Viene a mostrártelos. Porque te enfrenta a cómo reaccionas cuando no tienes el control, a cómo expresas lo que sientes, y qué haces cuándo conectas con la vulnerabilidad.
Por eso, no toda incomodidad es una señal para irte. Sino una invitación a mirar más profundo.
Las relaciones sanas son las que te incomodan para que crezcas porque te enfrentan a tus miedos y te obligan a mirar lo que no querías ver.
Crecer incomoda porque te invita a no huir cuando te cuesta enfrentarte a lo que temes.

Los vínculos no están para validarnos. Están para revelarnos. Para mostrarnos donde todavía hay miedo y defensas. Y para darnos la oportunidad de ir sobre ello.

Muchas veces lo que más incomoda es lo que más transforma.

Cansada de tanta demagogia.El dolor es la experiencia humana más subjetiva que existe. No podemos ni debemos opinar desd...
26/03/2026

Cansada de tanta demagogia.
El dolor es la experiencia humana más subjetiva que existe. No podemos ni debemos opinar desde fuera algo que se vive desde dentro.
Nos sobra opinión y nos falta empatía.
Amar a alguien también es respetar su decisión más difícil.

¿Omitir también es mentir?Es una pregunta que me han hecho esta semana en consulta. Las mentiras no solo se dan con pala...
07/03/2026

¿Omitir también es mentir?
Es una pregunta que me han hecho esta semana en consulta.
Las mentiras no solo se dan con palabras, también se dan con silencios.
Con lo que evitamos decir por miedo a incomodar, a perder o a desatar una reacción que no nos agrada ver.
Muchas veces nos justificamos en el "no te lo dije porque te ibas a poner mal", "para qué hablar de eso si ya pasó", "prefiero guardármelo, no quiero problemas".
La pregunta es: ¿para qué omitir una verdad?, ¿estás cuidando al otro o evitando lo que no quieres enfrentar?, ¿lo haces por ti o por el otro?
Como el miedo disfrazado de prudencia o el control disfrazado de preocupación, a veces también disfrazamos la omisión de una verdad.
Porque la realidad es que cuando omites, estás controlando la narrativa. Es decir, le quitas la oportunidad al otro de conocer la realidad. Estás decidiendo por el otro.
¿Cómo saber si lo debería de decir?
Pregúntate si estás callando por miedo o por respeto y si lo que ocultas afecta a la decisión del otro.

Alguna gente cree que los psicólogos tenemos un manual para sobrevivirnos. Que cuando algo nos duele, analizamos el dolo...
01/03/2026

Alguna gente cree que los psicólogos tenemos un manual para sobrevivirnos. Que cuando algo nos duele, analizamos el dolor y se nos pasa. Como si ponerle palabras al vacío alcanzara para llenarlo.
Muchos pacientes creen que sabemos gestionar lo que nos pasa mejor que nadie, pero no, no tenemos ninguna herramienta mágica. Nos cuesta igual que al resto de los mortales.
No hay técnica que cambie el dolor del cuerpo cuando algo te atraviesa. No hay teoría que te abrace a las 3 de la mañana. No hay Freud que te salve cuando te duele la vida.
Porque ser psicólogo no es vivir ajeno al dolor, es vivirlo sabiendo un poco más sobre él, pero sin ningún mapa que nos garantice la salida.
A veces también nos quedamos bloqueados por el miedo, también rumiamos, nos equivocamos, nos cuesta comer, dormir... y también nos cansamos de ser el lugar donde otros depositan su mundo.
También necesitamos que nos cuiden y sentirnos cuidados. Nuestra labor es muy solitaria.
Y sin embargo, volvemos. Cada día volvemos.
Porque en ese acto de escuchar para comprender, de sostener el dolor de alguien que confía en ti al hablarte de lo que más le duele, de lo que nunca le ha contado a nadie... hay algo profundamente sagrado.
Pero no, no somos inquebrantables. No somos ese ser zen que imaginas.
Somos humanos, como todos.
A veces lo más honesto que tenemos para decirle a alguien es "No lo sé". Pero te ayudaré a encontrar tus respuestas.
A veces tampoco sabemos qué hacer con lo que nos duele, días en los que la teoría no sirve para nada. Y sólo queda el cuerpo.
El dolor también nos toca, nos habita, nos atraviesa, nos remueve y desordena.
También tenemos miedo, heridas y fantasmas.También nos rompemos y hacemos terapia. Y cuando nos rompemos lloramos, nos dolemos, nos hundimos y nos levantamos.
Como cualquiera.
El mejor regalo que te puede hacer un paciente es decirte: gracias por no juzgarme, gracias por tu delicadeza, gracias por permitirme ser yo mism@, gracias por hacerme sentir querid@.
Gracias por decírmelo y hacer de este mi trabajo (a pesar de las dificultades) el más bonito del mundo❤️

El miedo no evita la muerte,evita la vida.No nos protege del dolor,nos priva del camino.Nos hace quedarnos donde no somo...
25/02/2026

El miedo no evita la muerte,
evita la vida.
No nos protege del dolor,
nos priva del camino.
Nos hace quedarnos donde no somos felices,
callar lo que sentimos,
amar a medias,
vivir sin ilusión,
soñar en pequeño,
renunciar a lo que queremos.
¿ acaso eso no duele?
Y al final descubrimos
que lo único que realmente perdimos
fue el tiempo de haber vivido de verdad.

Punch al principio no fue elegido. No empezó en los brazos correctos.Y aún así, seguía acercándose. Seguía confiando.Y y...
23/02/2026

Punch al principio no fue elegido.
No empezó en los brazos correctos.
Y aún así, seguía acercándose. Seguía confiando.
Y yo pensé... ¿cuántas veces en la vida nos pasa lo mismo?
No te eligen en un trabajo.
No encajas en un grupo.
No eres la primera opción de alguien.
Y sin darte cuenta, empiezas a pensar que quizá deberías cambiar algo.
Ser menos complicad@.
Menos amable.
Menos sensible.
Más como otros y
menos como tú.
Pero Punch no cambió nada.
No dejó de ser cariñoso.
No dejó de mirar con ternura.
No dejó de acercarse al mundo.
Solo necesitaba llegar al lugar adecuado.
Y cuando llegó...
No tuvo que esforzarse más.
No tuvo que demostrar nada.
No tuvo que dejar de ser él mismo.
Simplemente era.
Y eso fue suficiente.
Y creo que ahí está la lección:
Que a veces no es que no valgas.
Es que todavía no has llegado a los brazos que saben abrazarte❤️‍🩹

¿Por qué a veces alguien se agobia y se aleja justo cuando empieza a sentir algo y califica a la otra persona de intensa...
18/02/2026

¿Por qué a veces alguien se agobia y se aleja justo cuando empieza a sentir algo y califica a la otra persona de intensa?

Porque nos resulta mucho más fácil mirar hacia fuera que hacia dentro y tomar conciencia de que:

No sabemos sostener lo que sentimos. No todo el mundo tiene la madurez emocional para afrontar lo que el corazón le dice.
A veces el sentimiento puede estar, pero el momento interno no. No siempre se está preparado para sostener lo que se dice querer.

Porque sentir nos quita el control.
Cuando la emoción es real, la mente deja de mandar. Y para alguien que vive desde la cabeza.... eso asusta mucho.

Porque se activa una herida que nunca se cerró.
No se aleja de ti. Se está defendiendo de un dolor antiguo que tú no causaste y que el vínculo contigo está activando.

Porque a veces los vínculos incomodan. Cuando algo se vuelve más real aparecen los miedos: miedo a fallar, a no ser suficiente, a que nos dejen... Es una incomodidad que nos muestra dónde están nuestras heridas. Si la enfrentamos es una oportunidad que nos invita a crecer, mirar lo que necesitamos ver y cicatrizar esas heridas que solo estarán dormidas mientras no nos relacionemos con nadie.

Porque empieza a necesitarte.
Y necesitar implica mostrarse, abrirse, depender. Y eso es vulnerabilidad pura.

A veces alguien no se aleja porque no siente sino porque siente demasiado y le abruma no saber qué hacer con lo que siente.

Intentar querer más, explicar mejor, ser más paciente... no convierte a alguien emocionalmente indisponible en disponible.
Porque el problema no es la falta de amor, sino la falta de capacidad y disponibilidad emocional.

Distanciarse no soluciona nada, solo pospone afrontar una herida que está pidiendo a gritos ser mirada.
No necesitamos ser perfectos para tener una relación, solo necesitamos estar dispuestos a aprender mientras nos quedamos en ella. ¿Cómo?
1. No decidas por el otro. Habla desde ti. Por ejemplo, en lugar de decir " te voy a hacer daño " di "tengo miedo a fallarte".

2. Vas a cometer errores. Muchas veces. Cuanto antes lo aceptes mejor. El amor no nos exige ser perfectos, nos pide ser responsables: quedarnos cuando fallamos, reparar e intentar mejorar.

3. Ese miedo no desaparece quedándote. Cierto. Pero cada vez que no huyes se hace un poquito más pequeño. Y cada vez que lo haces, un poco más grande.
No tienes que huir para proteger a nadie. Basta con quedarse y aprender a sentirse suficiente incluso con tus imperfecciones.

Cuando impera el ruido y te sientes extraño entre la gente de tu alrededor, uno de los refugios más comunes suele ser el...
14/02/2026

Cuando impera el ruido y te sientes extraño entre la gente de tu alrededor, uno de los refugios más comunes suele ser el silencio.
El silencio de hacerse invisible para no molestar.

No se puede vivir sin el calor de la ternura, el cariño y el afecto. Se puede sobrevivir. Deslizarse por la vida con apatía y desgana como si fueras una parte más del decorado. Invisible para todo y para todos. Resistir esperando a que lleguen días mejores. Sin embargo, sobrevivir no es vivir. Solo con cariño y afecto se puede llegar a vivir plenamente. Solo dando y recibiendo amor, la vida cobra sentido. Si nos sentimos queridos y cuidados podemos llegar a amar nuestra existencia y el mundo que nos rodea.

Porque un hogar no es donde naciste, sino donde por fin te miran.

Es lo que nos cuenta esta película y su protagonista.
Una película que nos recuerda que no siempre todo lo que se expresa se hace con palabras. Donde hablan más los silencios que los diálogos y dicen más las miradas que las palabras.
Visualmente es preciosa y el final enternecedor. La niña habla poco pero en esa escena final con un gesto y una palabra lo dice todo.
Hacía tiempo que no me emocionaba tanto con una película. Os la recomiendo.
La tenéis en Amazon Prime.
The quiet girl ( "La niña callada")

Cuando nos estamos ahogando no necesitamos que nos enseñen a nadar.En los momentos de mayor fragilidad las personas no n...
24/01/2026

Cuando nos estamos ahogando no necesitamos que nos enseñen a nadar.

En los momentos de mayor fragilidad las personas no necesitamos respuestas, necesitamos presencia. Y esto conecta con una confusión muy extendida sobre lo que significa acompañar de verdad. Creemos que estar implica resolver, aconsejar o decir algo valioso, cuando en realidad en situaciones de ansiedad o dolor emocional, la mente no está preparada para procesar soluciones.

Cuando alguien atraviesa un momento difícil, su sistema nervioso funciona en modo alerta. Desde ahí no sirven consejos ni soluciones.
Lo que regula primero es la sensación de seguridad, y esa seguridad se transmite a través de una presencia genuina, no de palabras correctas.
Solucionar el problema de alguien que queremos la mayor parte de las veces es algo que no nos corresponde ni está a nuestro alcance, pero conseguir que no se sienta solo con ese problema sí.

Acompañar no es arreglar, intervenir ni dirigir el proceso de otro. Es ofrecer un espacio donde no haga falta justificarse, defenderse ni aparentar fortaleza. Un abrazo, una escucha activa, una mirada que abrigue...En ese clima de presencia real, algo se ordena internamente y la persona puede volver a conectarse consigo misma.
Estar, cuando es así de genuino, no es poco. Es una de las formas más profundas de cuidar al otro.

Las relaciones sanas son las que te incomodan para que crezcas porque te enfrentan a tus miedos y te obligan a mirar lo ...
16/01/2026

Las relaciones sanas son las que te incomodan para que crezcas porque te enfrentan a tus miedos y te obligan a mirar lo que no querías pero necesitas ver.
Pero el amor no nos exige ser perfectos. Nos pide ser responsables.

Nunca reaccionamos ante una situación. Reaccionamos ante la interpretación que hacemos de una situación. Y toda interpre...
15/01/2026

Nunca reaccionamos ante una situación. Reaccionamos ante la interpretación que hacemos de una situación.
Y toda interpretación está siempre "contaminada" por experiencias, heridas, emociones y creencias subjetivas de acuerdo a las vivencias personales de cada uno.
Y aunque poder comprender algo no significa siempre que debamos justificar o tolerar cualquier comportamiento, especialmente si son comportamientos que hieren o lastiman, si entendiéramos esto sí que seríamos más sensibles, más comprensivos y menos jueces de las emociones y maneras de actuar de los demás.
Incluso a veces también de nosotros mismos.

Dirección

Policlínica Ciudad Norte. Avenida De La Coruña 301, Bajo. ( Lugo) R. S: C-27-000931
Lugo
27003

Notificaciones

Sé el primero en enterarse y déjanos enviarle un correo electrónico cuando Marta Balsa Psicóloga publique noticias y promociones. Su dirección de correo electrónico no se utilizará para ningún otro fin, y puede darse de baja en cualquier momento.

Compartir

Categoría