02/09/2025
Ayer, al apagar las luces de la consulta, encendí una vela. Diez años sosteniendo mi propia consulta. 18 años acompañando a personas en su camino.
Al principio, todo era pequeño y difícil: largas jornadas, dudas, miedo a dejar lo seguro. Hoy, este espacio se ha convertido en mi refugio.
Hubo un momento en el que paré la consulta unos meses… pero al poco la reabrí. Un antiguo paciente, me pidió que volviera: “No puedes hacerme esto”. Ese recuerdo me enseñó algo que no olvido: este trabajo no es solo técnica, es compromiso, humanidad y presencia.
No siempre consigo que todo salga como quisiera, ni he podido ayudar a todo el mundo. Pero sé que doy todo de mí, con mi conocimiento y mi presencia, y recuerdo que la libertad de trabajar a mi manera –presente, honesta y humana– es lo que hace que cada sesión tenga sentido.
He escuchado lágrimas que no se decían, suspiros que hablaban más que mil palabras, y también risas que me recuerdan que, incluso en lo difícil, siempre hay espacio para respirar.
He visto personas que, después de años, vuelven a mí. Cada reencuentro confirma lo profundo y duradero de este trabajo. Cada pequeño avance, cada instante de alivio, deja una huella que no se borra.
Esta vela encendida es un homenaje: a quienes confiaron, a quienes están, a quienes vendrán. Nada de esto tendría sentido sin vosotras y vosotros.
Sigo aquí. Aprendiendo, acompañando y creciendo con cada experiencia. Esto no es solo un trabajo: es la manera en la que quiero estar en el mundo. Presente, humana, valiente y real. Esos abrazos que doy al final de cada sesión, y que tanto valoro, me recuerdan lo profundo de acompañar.
A mi Lidia de 2015: gracias por su valentía, que hoy me hace más libre.
“Conozca todas las teorías, domine todas las técnicas… pero al tocar un alma humana, sé apenas otra alma humana.” —Carl Gustav Jung
💜