20/02/2026
Cuando se propone empezar semanal o quincenal, muchas veces escucho:
“Es que si vengo tan seguido será que estoy peor…”
“Déjame más tiempo y así lo hago.”
“Creo que ya podría espaciar.”
Y lo entiendo. De verdad.
Tendemos a pensar que el cambio depende de tener más margen.
Pero no funciona así.
Si en dos semanas no has hecho algo, en tres tampoco va a aparecer mágicamente.
No es una cuestión de calendario. Es una cuestión de repetición.
Entre sesión y sesión no solo pasan días.
Pasa la vida.
Y lo de siempre está muy entrenado.
Cuando algo está empezando a moverse y dejamos tres o cuatro semanas, lo antiguo suele recuperar terreno. No porque no quieras cambiar. Sino porque es lo que llevas practicando años.
Las sesiones mensuales tienen sentido cuando lo diferente ya se está sosteniendo fuera.
Cuando ya llevas varias en las que puedes hacerlo sola.
Ahí sí. Ahí se espacia.
Pero al inicio o cuando estamos trabajando algo que se repite mucho en tu historia, la frecuencia no es intensidad. Es estructura.
No es dependencia.
No es capricho.
Es cómo se consolida un cambio de verdad.