04/03/2026
Aprendiste a relacionarte así porque en su momento fue la respuesta más audaz que tenías.
Y está bien. Te adaptaste, y esa adaptación te llevó a desarrollar recursos sofisticados.
Imagina que de pequeña aprendiste a correr. Y lo hiciste muy bien, correr te salvó muchas veces.
El problema no es saber correr.
El problema es cuando es lo único que puedes hacer. Cuando no tienes la opción de caminar despacio, parar, quedarte quieta, o incluso aprender a moverte de maneras que todavía no conoces.
Porque el cuerpo solo recuerda esa respuesta.
Esa adaptación dejó memoria. En ti, y en todos los vínculos que vinieron después.
El trabajo no es eliminarlo. Es observarlo con curiosidad y compasión. Reconocer el automatismo antes de que decida por ti. Y desde ahí, elegir aunque sea una cosa distinta.
No toda la historia de golpe.
Solo una vez.
Aprender a moverse de otra manera no se consigue solo con proponérselo. Hay que sostener el miedo, confiar en quien te acompaña, caerse, y volver a intentarlo.
Eso es exactamente lo que ocurre cuando empezamos a observar nuestros patrones, experimentamos respuestas nuevas, y sentimos cómo se siente eso, acompañados.
El sistema no cambia de golpe.
Pero cada vez que eliges una respuesta distinta, estás pavimentando una ruta que antes no existía.