20/08/2024
Cuando me quedé embarazada con 18 años, no tenía ni idea de lo que la palabra Madre encerraba. Lo fui descubriendo con el tiempo y poco a poco entendí el poder, la vulnerabilidad y el amor que se puede sentir maternando.
Un amor tan intenso que no es posible describir a quien no es madre.
Ser madre adolescente no es algo que recomiende pero es algo que no cambiaría en mi propia vida. Ha sido un tesoro crecer junto a ella.
Llegó esta hija a descubrirme un mundo diferente, a enseñarme a ver todo con otros ojos y a ser el aliciente por el que ser y estar. Quise ser mejor persona y enfoqué mi vida profesional y personal a estudiar el mundo femenino, la infancia.
Mi hija es hoy un adulta funcional y completa. Con una vida plena a sus 29 años, trabaja en un puesto de dirección muy merecido, cría a su hija de 4 años con devoción y entrega y comparte su vida al lado del amor que encontró hace 15.
Y todo esto... a pesar de mí. A pesar de todas las veces que me equivoqué y no supe hacerlo bien.
Ella ha sabido recoger los pedacitos buenos que pude haberle dado en estos años y construir su propia vida, aceptando que ella tampoco es perfecta y haciendo su mejor esfuerzo por ser la mejor madre, la mejor compañera, la mejor hermana.
Le ofrezco este post hoy para decirle cuán orgullosa me siento, cuánto soñé tenerla en brazos y cuánto agradezco a Dios aquel positivo que me cambió la vida para siempre.
Te amo hija de mi vida. Feliz cumpleaños 🥹❤️