30/12/2025
Ayer vi una escena preciosa. Escuché la conversación de la mesa de al lado.
Sí, tengo mi lado cotilla aceptado.
Un joven de 15 años. Y otros dos de 12.
Le preguntan a la camarera el precio del chocolate y de la ración de churros. Muy educados le dicen que espere un momento.
Vacían sus bolsillos y hablan bajito.
El mayor saca el móvil del bolsillo.
Ella toma nota. Y se pone a hablar con ellos, qué estudian, edades (así me enteré).
Les felicitó y agradeció.
Al rato vuelve con una taza de chocolate pequeña, y churros en una bandeja.
Ponen el chocolate en el centro.
Cada uno toma un churro y van mojando por turno.
Por un momento me dieron ganas de invitarles a dos tazas de chocolate.
Alto ahí, Ana. Era mi rol de salvadora.
Creo que estaban felices con ese acuerdo.
Con decidir juntos. Con compartir de esa forma.
Y que mi gesto era innecesario.
Eso sí, al irnos les felicitamos.
¿Tú que hubieras hecho?
Qué bonita escena, de verdad te lo digo.