15/02/2026
Siempre andamos con la broma del "tengo permiso", sin darnos cuenta de la cantidad de veces que somo nosotros/as mismos/as las que nos lo negamos, normalmente por agradar a los demás, por no destacar o por puro miedo.
Nos han enseñado a pedir autorización para casi todo, para descansar, para enfadarnos, para cambiar de opinión o para decir que no. Y lo curioso es que muchas de esas normas no están escritas en ningún sitio, viven en nuestra cabeza, disfrazadas de prudencia, educación o madurez.
Crecemos aprendiendo que ser “buena persona” es no molestar, no incomodar y no desentonar, y así, poco a poco, vamos silenciando deseos, minimizando necesidades y tragándonos palabras que necesitaban salir. El problema no es ceder a veces, sino convertir la cesión en costumbre, porque cuando siempre te adaptas tú, llega un momento en el que te pierdes de vista.
Negarnos el permiso suele parecer una decisión pequeña, casi invisible y hoy no digo lo que pienso, mañana no pido lo que necesito, pasado mañana me conformo con menos. Pero ese goteo constante va erosionando la autoestima y alimentando una sensación extraña de vacío, como si la vida la estuviera viviendo otra persona, y no es falta de capacidad ni de valentía, muchas veces es puro hábito.
Darse permiso no es volverse egoísta ni desconsiderado, es empezar a tratarse con la misma comprensión que ofreces a los demás, es autorizarte a ocupar espacio, a equivocarte, a cambiar de rumbo y a priorizarte sin culpa. Porque nadie va a venir a firmarte ese papel tan esperado, el permiso que más necesitas siempre ha sido el tuyo.
El día que dejes de pedir permiso para ser quien eres, empezarás a vivir con la libertad que siempre estuvo esperándote.
Buen día amigas/os, ya estamos en marcha por nuestros sueños.
👌 ¿Conoce mi centro de psicología? https://ismaeldoradopsicologo.com/