26/02/2026
La media rueda no llegó a mi vida de un día para otro. La he respirado, la he llorado, la he sostenido cuando el cuerpo temblaba y la mente dudaba. Y hoy, cuando desde ahí me incorporo hasta ponerme en pie, no siento “logro”. Siento gratitud.
Me han dicho muchas veces que la edad pesa.
Pero yo me siento más flexible ahora que cuando tenía 25 y encadenaba entrenamientos de HIIT sin escuchar mi cuerpo. Hoy hay algo que antes no tenía: conciencia. Presencia. Amor.
La constancia no es disciplina rígida. Es volver.
El amor no es exigencia. Es respeto.
La perseverancia no es forzar. Es confiar en el proceso aunque no veas resultados inmediatos.
El cuerpo entiende de cuidado, no de prisa.
Y cuando le das tiempo, te devuelve magia.
No practico para “conseguir” posturas.
Practico para estar en casa dentro de mí.
Y desde ahí… todo se abre.