18/10/2019
Hoy vamos a ver otra de las Distorsiones Cognitivas más frecuentes, la Etiquetación.
El término es bastante explícito, la Etiquetación consiste en poner una etiqueta, tanto a nosotras/os mismas/os, como a otras/os o que sean otras/os quienes nos la pongan a nosotras/os.
Podemos pensar, por ejemplo, en Pablo, al que desde pequeño su padre siempre le ha dicho que es muy torpe en relación con el equilibrio y la cordinación.
Cada vez que el niño se enfrentaba a una actividad desconocida y nueva para él, y por consiguiente, cometía algún fallo o error, su padre lo achacaba a que era muy torpe.
Poco a poco la etiqueta de la torpeza de Pablo iba ganando terreno y aparecía antes de enfrentarse a algo nuevo. Así, su padre se adelantaba a los acontecimientos con frases del tipo "cómo vas a montar en bicicleta, con lo torpe que eres", " cómo vas a jugar a eso, con lo torpe que eres", "quién va a querer hacer equipo contigo, con lo torpe que eres".
Y así, cada vez que Pablo tenga que enfrentarse a algo, tanto él como los/as demás partiràn de la idea de que lo va a hacer mal, porque es muy torpe, y que lo mejor es que directamente no lo intente o que lo deje al primer inconveniente, porque total, con lo torpe que es, nunca le va a salir bien.
Y con esto lo que conseguimos es que Pablo se enfrente a las cosas con un miedo y una presión añadidas, lo cual hace más probable que cometa algún error, confirmando así su miedo y reforzando la idea que ha asumido de sí mismo.
O que directamente Pablo ni lo intente, por lo tanto nunca conseguirá desenvolverse con soltura, al no haber practicado hasta aprender a hacerlo bien.
Como vemos, la etiqueta de "torpe" atribuída a Pablo es muy dañina. Pablo ha aprendido que él es torpe y que esa torpeza siempre le va a acompañar. Y lo más peligroso es que le va a condicionar, reforzándose y generándose una profecía autocumplida.
Por ello, sería mucho más práctico y beneficioso que el padre de Pablo, al darse cuenta de su "torpeza", hubiese buscado herrmientas para ayudar al niño a superar sus dificultades, en lugar de haberle puesto una etiqueta que acaba convirtiéndose en una condena.
Y esto no quiere decir que sea malo que seamos conscientes de nuestras debilidades, sino que no debemos dejar que estas debilidades nos definan e inmovilicen, condicionando nuestra forma de vernos, la forma en que nos ven las/os demás y nuestra forma de responder a las demandas del ambiente.
Las etiquetas no nos definen, sólo tienen el poder que nosotras/os les damos.