19/01/2026
En el siglo XVIII, Leonhard Euler formuló las ecuaciones que describen el movimiento de fluidos ideales, aquellos sin fricción interna. Más tarde, en el siglo XIX, Claude-Louis Navier y George Gabriel Stokes, de forma independiente, extendieron este modelo para incluir la viscosidad, es decir, las fuerzas de rozamiento entre las partículas del fluido, dando lugar a las ecuaciones de Navier–Stokes.
A partir de un estado inicial del flujo, permiten determinar su evolución en el tiempo, aunque su resolución exacta resulta extremadamente compleja. Por ello, los matemáticos no buscan obtener soluciones explícitas, sino que se aspiran a responder preguntas más fundamentales: si las soluciones existen o no, si son únicas y si se comportan de manera regular, es decir, si son suaves y están bien definidas en todo instante. O si, por el contrario, un fluido en reposo, o con un movimiento suave, puede, con el paso del tiempo, albergar una singularidad, es decir, un punto en el que la solución deja de ser regular (su velocidad se vuelve infinita o gira de forma descontrolada). Entender si estas singularidades pueden aparecer o no es el Problema del Milenio.
Investigadores de todo el mundo compiten en una carrera frenética para hallar esta singularidad. En las últimas décadas se han sucedido avances parciales. La solución definitiva parece estar cerca.
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📸 (1) Malene Thyssen, (2) Ecuaciones de Navier-Stokes, (3) Diego Córdoba (ICMAT-CSIC) y Luis Martínez Zoroa (CUNEF Universidad). Imagen cedida por los investigadores.