17/02/2026
A veces el dolor no viene del otro, sino de todo lo que vas dejando de ser para que el vínculo se mantenga en pie.
Callarte, adaptarte, justificar, hacerte más pequeño para que nada se rompa.
Eso no suele ocurrir de golpe. Es un proceso lento, casi invisible, en el que uno aprende a aguantar más de lo que necesita. Y con el tiempo, el cuerpo y las emociones empiezan a pasar factura.
Mirar esto no es culpar ni tomar decisiones precipitadas. Es volver a escucharte y preguntarte qué estás sosteniendo y a qué precio.
La terapia puede ser ese espacio donde entenderlo con calma y empezar a cuidarte también dentro del vínculo.
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