07/04/2026
Escena común en nuestra sociedad. ¿No? Atribuir al otro nuestras necesidades, deseos, habilidades, actitudes, experiencias, aprendizajes…
Tener dificultades para entender la diversidad.
Esto en salud mental se llama: ausencia de diferenciación. Un concepto que acuñó Bowen para hablarnos de como hay personas que tienen una dificultad para distinguir entre lo que piensan y sienten, y lo que pertenece a los demás. En terapia familiar, en la fase de evaluación familiar, se identifica el nivel de diferenciación para que desde ahí podamos revisar si se explica la dificultad y los síntomas que la familia presenta.
Pero a nivel social, y macro grupos, también nos sirve este concepto para pensar, para entender.
La falta de diferenciación es algo así como vivir mezclado, entre tú y el entorno. En un contexto familiar esto puede generar dificultades para construir nuestra identidad, para reconocer partes de nosotros mismos por el hecho de que no estén representadas en la familia. Puede generar niveles altos de sufrimiento al sentir que esas partes nuevas del otro miembro o de nosotros mismos, nos separarán. Que solo la fusión, lo idéntico, nos mantendrá unidos.
En la sociedad, la falta de diferenciación activa el juicio. La distancia. El ataque. Hace unas semanas se generó un debate público sobre la vida de una mujer que iba a acceder a la eutanasia. Fue curiosa la respuesta social. Fue curioso lo difícil que es comprender lo distinto. Lo difícil que es activar algo que no sea el juicio simplón. Lo fácil que es condenar. Buscar verdades únicas.
A veces somos muy parecidos a estos monos que no entienden a los peces que están en el agua.