22/04/2026
La dopamina es un neurotransmisor, es decir, es una molécula que sirve para que nuestras neuronas se pasen información de unas a otras. En concreto, la dopamina juega un papel trascendental en el correcto funcionamiento de nuestro cerebro por su participación en procesos mentales tan importantes como la memoria, el aprendizaje o el sueño, de ahí que un exceso o una falta en su producción pueda tener consecuencias graves en nuestra salud.
Nuestro cerebro, al realizar ciertas acciones o conductas, refuerza su repetición soltando dopamina. Durante muchos años la dopamina fue considerada “la molécula del placer”, si bien investigaciones recientes han demostrado que la dopamina no es la causa directa de la sensación de placer o euforia y que, por lo tanto, existen otros mecanismos que pueden activar el llamado sistema de recompensa de nuestro cerebro. A pesar de ello, la comunidad científica sigue considerando que la dopamina es clave, más que en la producción de placer en sí, a la hora de provocar precisamente que queramos repetir dichas actividades placenteras y reforzar así la conducta.
Cuando se consumen dr**as, la producción de dopamina que lleva a cabo nuestro cerebro se dispara. Y es que las sustancias y las conductas que provocan adicción son capaces de generar auténticos torrentes de dopamina que, a su vez, pueden incluso llegar a cambiar la propia conformación neurológica del sujeto. Así, tal y como se explica desde Orbium Adicciones, al consumir dr**as se “crea una sobreestimulación de las neuronas, lo que desencadena una sensación de euforia fuerte y duradera”. Por lo tanto, “cuando una persona consume de forma continua una droga, el sistema de recompensa se ve afectado y se desensibiliza a los estímulos cotidianos”.
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