22/02/2026
Joe Pilates planteó una pregunta que, curiosamente, resume gran parte de su filosofía de movimiento:
“¿Se beneficiaría la vida animal al intercambiar el instinto por la capacidad de pensar del hombre? ¿O se beneficiaría el hombre al intercambiar la capacidad de pensar por el instinto animal?”
Para Pilates, el ser humano había perdido algo esencial: la capacidad de moverse con la naturalidad, la eficiencia y la inteligencia instintiva de los animales.
Por eso concluía que el hombre ganaría enormemente con ese intercambio.
Y es cierto: cuando observamos a un gato estirarse, a un perro correr o a un pájaro posarse, vemos un cuerpo que actúa sin tensión innecesaria, sin rigidez, sin desconexión.
Un cuerpo que no duda, simplemente sabe.
En Pilates buscamos precisamente eso:
recuperar la alineación natural,
movernos con economía y precisión,
reconectar con la respiración,
y devolver al cuerpo su capacidad de responder sin esfuerzo superfluo.
Quizá la pregunta de Pilates no sea teórica, sino práctica:
¿Cómo sería tu vida si confiaras más en tu cuerpo?
¿Si te movieras con la misma presencia y coherencia que un animal en tu entorno?
A veces, el equilibrio entre pensamiento e instinto empieza en algo tan simple como volver a sentir el movimiento desde dentro.
¿Qué te sugiere esa idea?
¿Cómo encuentras tú ese equilibrio entre pensar y sentir el movimiento?