04/06/2018
Los inhibidores de la bomba de protones (IBP) son fuertes inhibidores de la secreción ácida a nivel del estómago (inhiben hasta un 80% la secreción de ácido clorhídrico).
Únicamente en ciertas indicaciones el uso de los IBP es el adecuado. Sin embargo, en la actualidad, su prescripción es excesiva en nuestro país: entre un 54-69% de las prescripciones son inadecuadas según un estudio hecho por el Sergas, Estudio comparativo entre los distintos IBP.
La consideración de los IBP como simples “protectores” gástricos, sin prácticamente efectos adversos, ha disparado su utilización, en muchos casos sin una indicación clara o por síntomas no asociados a una hipersecreción ácida. De forma general, se han considerado medicamentos seguros, con algunos efectos adversos, en su mayoría leves, como cefalea, estreñimiento, diarrea, dispepsia, erupciones cutáneas; y otros más raros, como la deficiencia de vitamina B 12 y de magnesio; osteoporosis, con mayor riesgo de fracturas, y mayor riesgo de infecciones intestinales, todos ellos en pacientes que reciben alguno de estos preparados a largo plazo.
No hay que olvidar que estos fármacos son necesarios porque son capaces de disminuir la incidencia de patologías como la úlcera de estómago. Esto es un gran avance desde el punto de vista médico; el problema reside en que, como se puede observar en los datos del consumo de estos fármacos, se ha producido un crecimiento y en algunos de los casos sin la indicación adecuada.
Con este trabajo María Sánchez de León quería 1. comprobar si la indicación por la que acuden los pacientes a la farmacia comunitaria es conforme con las indicaciones de los IBP, 2. determinar la posible existencia de automedicación de su consumo o un consumo erróneo y 3. analizar los casos de efecto ácido rebote derivados de un uso erróneo.
Más información sobre su estudio en
Trabajo realizado por María Sánchez de León Ramón-Borja, C. Prieto Gil, A. Roncero Martín y B. Sáez-Torres de Vicente.