18/01/2021
Esta semana empecé a trabajar con una nueva paciente que acaba de tener su primer ataque de ansiedad. El sábado, mientras salían a ver la nieve en Madrid. Era bonito, sus hijos disfrutaban con los muñecos de nieve, todos jugaban, y ella sintió esa falta de aire, sudores fríos, un n**o en la garganta... Se asustó mucho. Pensaba que se iba a morir. Hasta que alguien le dijo que tal ver podría ser un ataque de ansiedad. Ella no entendía nada. Había pasado el confinamiento bastante bien, los meses de verano, el ERTE en su empresa... pero de pronto pudo reconocer: "La nieve no me gustaba. No quería disfrutar de ella, estaba como enfadada o muy triste... ¿es que esto no se va a terminar nunca? ¿No hemos salido de una cosa y nos metemos en otra?" Pero a la vez... también pensaba: "Me siento culpable por no disfrutar de la nieve con mis hijos, por no querer tirar bolas como está haciendo todo el mundo.. Yo sólo pienso en que esta semana vamos a estar prácticamente confinados otra vez y que tal vez ni pueda ir a trabajar de nuevo, los niños en casa, el teletrabajo...Vamos, una MI**DA". Y eso fue lo que dijo, y necesitaba que alguien (en este caso fui yo) le dijera "Pues tienes razón, es una MI**DA". Valida tu emoción, no pasa nada por estar cansado, es perfectamente normal. No pongamos la etiqueta de "Fatiga pandémica" como un síndrome o trastorno... es lo mínimo que nos puede pasar ante tantos meses (ya casi un año) de vivir diferente, de no poder abrazar a nuestros amigos o padres, de probablemente ver cómo se hunde nuestro negocio o nuestro puesto de trabajo peligra, si no ha desaparecido ya, de tener que teletrabajar con niños en casa, de no poder salir de casa o hacer lo que a uno le apetezca, de sacrificarse y ver que otros hacen lo que les da la gana y los contagios siguen subiendo, de ver la gestión política de todo esto... ¿cómo no nos vamos a sentir mal? ¿no tienes derecho a tener momentos de tristeza, enfado, decepción, angustia por no ver el final... Es ahora cuando toca sentir todo esto. Y es sano. Identificarlo y aceptarlo, para poder empezar a trabajarlo y ver cómo nos podemos enfrentar a todo esto de la manera más saludable posible, incluso de encontrar cosas positivas entre todo esto. Y si todo esto se te hace demasiada bola y no ves cómo salir de todo ello, tal vez puedas pedir ayuda para empezar a gestionarlo de otra forma.