02/12/2025
La herida, como decía Rumi, es el lugar por donde entra la luz… y también donde aparece la verdad que durante años tratamos de no ver.
Desde la Gestalt, la herida no es un fracaso sino que es un punto de interrupción, el instante en el que algo en nosotros dejó de fluir para poder sobrevivir. Allí quedó una emoción detenida, una necesidad sin nombrar, una parte de nuestra identidad esperando ser reconocida.
En los sueños, esa herida se expresa con imágenes que parecen extrañas pero que apuntan a lo mismo, a que lo olvidado quiere volver a participar en la vida. Cada símbolo es un mensaje: “mírame, intégrame, no me abandones otra vez”.
En las constelaciones, la herida a veces no es solo nuestra. Puede ser un eco del sistema familiar, un dolor heredado, un movimiento interrumpido de quienes vinieron antes que nosotros. Cuando lo vemos y lo honramos, la luz entra porque dejamos de cargar lo que no nos pertenece.
Sanar no es cerrar la herida a la fuerza.
Es abrir espacio en el corazón para lo que dolió, permitir que la luz haga su trabajo y devolverle al cuerpo la capacidad de sentirse completo.
Donde duele, hay algo que quiere nacer.
Y cuando lo acogemos, dejamos de rompernos y empezamos a transformarnos.
En nuestro centro Raíces Psicoterapia acompañamos desde una mirada integradora, teniendo en cuenta todos estos aspectos fundamentales para la sanación.
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