21/12/2025
Para Aristóteles, la virtud no era una cualidad intrínseca con la que se nace.
Era una excelencia en la acción. Algo que se construye repitiendo decisiones correctas, una y otra vez.
La virtud, lo tanto, es un hábito que se adquiere actuando bien de forma consistente, encontrando el justo medio entre dos errores habituales: el exceso y el defecto.
No guiados por normas rígidas, sino por la razón práctica: el criterio para decidir qué es lo adecuado en cada contexto.
Salvando evidentemente las distancias, yo veo un paralelismo claro con la alimentación.
Comer adecuadamente no es un acto puntual ni una demostración de fuerza de voluntad, sino una disposición que se cultiva. Una forma de actuar que se ajusta a la persona, a su momento vital y a su realidad. Por lo tanto, no siempre seguirá el mismo patrón.
Ni exceso disfrazado de control o compromiso con la salud, ni defecto camuflado de “flexibilidad”.
Virtud, en nutrición y según mi punto de vista, es elegir lo mejor posible de forma sostenida, sin entrar en conflicto permanente con la vida real, que bastantes problemas trae de serie.
Es sencillo, pero no es fácil. O igual se me ha ido la olla con tantas comidas navideñas.