09/02/2026
Hacerse fotos no es, en sí mismo, algo positivo o negativo.
Lo que marca la diferencia es desde dónde y para qué se hace.
Cuando las imágenes se usan para buscar aprobación, encajar en normas estéticas o evaluarse constantemente desde fuera, pueden aumentar la ansiedad y afectar a la autoestima.
Esto es especialmente relevante para muchas personas LGTBIAQ+, que crecen expuestas a miradas normativas sobre el cuerpo, el género y el deseo. Aunque también nos sirven para ser visibles, y hacernos sentir dentro de un grupo (imprenscindible para todo ser humano)
Desde la terapia, las imágenes también pueden convertirse en una herramienta distinta:
no para gustar más, sino para explorar la relación con el propio cuerpo, cuestionar la exigencia y construir una mirada más compasiva y propia.
No se trata de dejar de hacerse fotos.
Se trata de revisar la relación que tenemos con ellas.