19/01/2026
Hay momentos en los que sentimos que todo nuestro camino depende de una convocatoria:
de si sale o no, de cuántas plazas se ofertan, de un número que no elegimos y que no controlamos.
La incertidumbre pesa, cansa y, muchas veces, desanima.
Cuando las plazas son pocas, aparece la frustración y la sensación de que el esfuerzo no basta.
Cuando son muchas, llega la presión, el miedo a no estar a la altura, la exigencia constante.
Pero nada de eso define el proceso que estás viviendo.
El proceso es cada día que decides seguir formándote incluso sin certezas,
es la constancia silenciosa, el aprendizaje que permanece,
la vocación que se mantiene también en la espera.
Que la convocatoria sea una oportunidad, no una sentencia.
Que ningún número mida tu valor ni borre todo lo que llevas construido.
El camino también transforma, incluso antes de llegar. ✨