17/02/2026
Hay personas neurodivergentes que parecen adaptarse “muy bien”.
Cumplen.
Responden.
Sonríen cuando toca.
Se esfuerzan el doble para que no se note lo que les cuesta.
Y desde fuera todo parece funcionar.
Pero a veces esa adaptación constante tiene un precio:
agotamiento, ansiedad, sensación de no ser uno mismo.
En terapia trabajamos mucho esto.
El masking no siempre es consciente.
Muchas veces es una estrategia aprendida para encajar, para evitar rechazo, para sobrevivir socialmente.
Y aunque puede ser útil en ciertos contextos, no puede convertirse en la única forma de estar en el mundo.
Desde una perspectiva neuroafirmativa no buscamos que la persona encaje mejor.
Buscamos que pueda vivir con menos esfuerzo interno.
Eso implica:
🌱 Entender su perfil sensorial y emocional,
🌱 Respetar sus ritmos,
🌱 Ajustar entornos cuando sea posible,
🌱 Y, sobre todo, diferenciar entre adaptación saludable y sobreexigencia constante.
Y también implica acompañar a las familias a reconocer que a veces lo que parecía “funcionar” en realidad estaba costando demasiado por dentro.
No se trata de dejar de aprender estrategias.
Se trata de que esas estrategias no borren la identidad.
Porque adaptarse no debería significar desaparecer.